Viernes, 23 Febrero 2018

 Jorge Medina Rendón - Director

 

Análisis

¿Una intervención militar es la solución para Venezuela?

Por Oscar Medina*

La idea ha estado allí, flotando desde hace algún tiempo y en buena medida la comunidad internacional se convenció: los venezolanos no pueden lidiar solos con el proyecto político de dominación que socavó los cimientos de la democracia en ese país.

Los informes del Secretario General de la Organización de Estados Americanos le dieron un fuerte impulso, el endurecimiento de la posición del gobierno de Estados Unidos, lo mismo que el de la Comunidad Europea y de naciones habitualmente menos beligerantes como Canadá, México, Argentina, Chile y Brasil rompieron el celofán del escepticismo.

 Y junto con el avance de sanciones contra altas figuras de la administración de Nicolás Maduro y las constantes manifestaciones de “preocupación” expresadas a través de vías diplomáticas que van conformando un cerco de presión innegable, otra tesis cobra fuerza: la posibilidad de una intervención directa de carácter militar. ¿Una locura en estos tiempos?

Inicialmente circuló entre opinadores espontáneos en redes sociales, pero ya académicos respetados ocupados de analizar la descalabrada realidad política y social venezolana han puesto la tesis sobre la mesa de discusión: la emergencia obliga.

Quizás sea Ricardo Hausmann el más emblemático. Hausmann fue ministro de Planificación a principios de la década de los años noventa, fue también economista jefe en el Banco Interamericano de Desarrollo y hoy está al frente del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard donde además es profesor de Economía del desarrollo.

El 2 de enero publicó en la influyente web Project Syndicate un artículo titulado “El día D para Venezuela”. Y allí argumentó y planteó una opción.

 “La crisis de Venezuela está pasando, inexorablemente, de ser catastrófica a ser inimaginable. El nivel de miseria, sufrimiento humano y destrucción ha llegado a un punto en que la comunidad internacional debe repensar cómo puede ayudar”, escribió. Y detalló algunos de los indicadores más alarmantes en torno a las carencias alimentarias que padecen los ciudadanos, el desabastecimiento y la crítica situación del sistema de salud, y el acorralamiento y el casi nulo margen de maniobra de la oposición política formal.

Esto, por supuesto, no es fruto de la inventiva del economista. Numerosas instituciones y organismos internacionales lo tienen bien documentado. De hecho, un panel de expertos de la Organización de Naciones Unidas reunido en Ginebra el 9 de febrero hizo un pronunciamiento: “Millones de personas están padeciendo la falta de alimentos, de medicamentos esenciales, la carestía de bienes de primera necesidad, incluyendo de higiene personal, cortes de electricidad y condiciones de vivienda inadecuadas. Las condiciones siguen empeorando día a día, poniendo muchas vidas en riesgo”. 

En su artículo Hausmann hizo una propuesta concreta: “Si se trata de soluciones, por qué no considerar la siguiente: la Asamblea Nacional podría destituir a Maduro y al narcotraficante de su vicepresidente, Tareck El Aissami, sancionado por la OFAC y a quien el gobierno estadounidense le ha embargado más de US$ 500 millones. Dado este vacío de poder, la Asamblea, nombraría de forma constitucional a un nuevo gobierno, el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela de la misma forma en que canadienses, australianos, británicos y estadounidenses liberaron a Europa en 1944-1945. Más cerca de casa, esto sería semejante a la liberación de Panamá de la opresión de Manuel Noriega por parte de Estados Unidos, la que marcó el inicio de su democracia y del crecimiento económico más rápido de América Latina”.

Y apuntó: “De acuerdo al derecho internacional, nada de esto requeriría la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (que Rusia y China podrían vetar), puesto que la fuerza militar sería invitada por un gobierno legítimo en busca de apoyo para defender la constitución de su país”.

Hausmann, a quien Maduro calificó en 2016 como “el principal promotor de la guerra financiera contra Venezuela”, accedió a hacer algunos comentarios sobre su posición: “El rol de los intelectuales es plantear los problemas de la realidad y hacer pensable cosas que eran impensables. Creo que cuando mi artículo salió las propuestas eran impensables, pero a medida que la situación en el país se deteriora y la dictadura de Maduro se hace más obvia y evidente, una dictadura que no solamente viola grotescamente los derechos políticos sino que además mata de hambre a su gente, en ese contexto, los países se encuentran con opciones cada vez más reducidas y muy poco apetecibles, muy poco gratas. Pero lo que pasa es que la realidad es aun peor. Y poner estas opciones sobre la mesa crea oportunidades de acción y afecta las decisiones de los países a la hora en que quieran ayudar a los venezolanos”.

Las medidas que de manera progresiva se han ido aplicando contra miembros del equipo de Maduro, a juicio de Hausmann no arrojarán resultados con la rapidez que amerita la situación: “El gobierno americano probablemente imponga unas sanciones en materia petrolera, pero lo que ha destruido a Venezuela no son las sanciones sino el manejo desastroso de la economía. Por eso lo que he propuesto es una alternativa distinta que pueda generar un cambio con mayor celeridad”. 

Nicolás Maduro se relanzará en las elecciones en la que gran parte de la oposición no participará.

Lo que ha dejado sobre la mesa es una intervención militar, justificada –según explica- por el papel asumido por los uniformados de su país: “En primer lugar, se trata de un gobierno venezolano nombrado por la Asamblea Nacional que pediría la asistencia militar para hacer valer sus decisiones frente a una Fuerza Armada Nacional que ha decidido violar su juramento y desconocer la Constitución. La idea sería que ese nuevo gobierno pueda contar con una asistencia militar que permita que se cumplan sus decisiones. Porque el problema de Venezuela es que hay una Asamblea Nacional a la que todo el mundo reconoce pero a la cual la Fuerza Armada no reconoce. Por eso la AN nombró a un Tribunal Supremo pero como las Fuerzas Armadas no lo reconocieron entonces esas personas tuvieron que escapar del país. Eso ocurre porque en Venezuela el poder no emana del voto sino de las Fuerzas Armadas que usurparon al pueblo”.

¿Y qué incentivos tendría esa coalición para actuar en un país ajeno? “Esa es una buena pregunta”, concede: “El primer nivel de interés nacional es que a nadie le interesa una Venezuela que implosiona, lo que se traduce en una catástrofe humanitaria, en millones de venezolanos escapando de su país, un país que en lugar de ser una fuente de oportunidades de negocios que compre y que pague se ha convertido en una carga para la región. El primer beneficio es que una Venezuela próspera está en el interés nacional de todos los países. Y el segundo tiene que ver con las obligaciones morales. Los derechos humanos son universales y es responsabilidad de todo el mundo salir a defenderlos. Estados Unidos intervino en Bosnia para acabar con la guerra y no pidió nada a cambio, lo hizo en Kososvo y no pidió nada a cambio, intervino en Irak y no se quedó con el petróleo que es explotado por empresas chinas, rusas y de otros lados. Es decir, no es una transacción del tipo te doy esto si tú das esto a cambio. Es algo que está en el interés nacional de los países -y especialmente de los latinoamericanos- tener a una Venezuela estable, próspera y democrática, porque si no lo es, eso les causa problemas”.

Otros espacios

Numerosas organizaciones civiles han advertido desde hace ya algún tiempo sobre la necesidad de ayuda internacional. Pero de otro tipo: humanitaria, ante la escasez de alimentos y medicinas. Algo a lo que el gobierno de Maduro se ha negado una y otra vez. 

María Corina Machado: “El proyecto de país que existe en Venezuela es totalitario y criminal; es un proyecto trasnacional” EFE/Miguel Gutiérrez
“La ayuda humanitaria es entregada al Estado receptor por las agencias internacionales. Es decir, el Estado es quien termina distribuyendo los alimentos o medicinas, aunque debe aceptar supervisiones para que se haga apropiadamente”, explica Rafael Uzcátegui, de Provea, una de las ONG’s defensoras de derechos humanos más activa y con mayor prestigio en el país: “Birmania recibió durante muchos años este tipo de ayuda, por ejemplo. La ayuda humanitaria solo necesita de militares extranjeros que la reparta cuando hay una situación de inexistencia de Estado y una guerra civil. Y no es el caso de Venezuela”.

La negativa del gobierno venezolano tiene otra explicación: “Recibir ayuda humanitaria es reconocer que el Estado venezolano no puede resolver las necesidades de su población a corto plazo, por lo que necesita del apoyo de otros. Entonces, es reconocer que el modelo ha llegado a un punto de inflexión e inviabilidad, muy diferente a lo que dice la propaganda del Estado. La razón por tanto es netamente política e ideológica. Es falso que los marines van a llegar repartiendo Snickers. Eso lo sabe el gobierno”.

Desde la perspectiva del activismo una “solución” como la de Hausmann no es aceptable: “Ninguna organización de derechos humanos apoyaría una intervención militar foránea unilateral en los términos en que se ha planteado”, advierte Uzcátegui: “Provea no apoyaría una intervención armada unilateral o multilateral debido a las múltiples consecuencias que generaría en la perdida de vidas humanas e infraestructura de servicios públicos para la población. Personalmente soy miembro de la Internacional de Resistentes a la Guerra, cuya declaración es ‘La guerra es un crimen contra la humanidad. Por ello me comprometo a no apoyar ningún tipo de guerra, y a luchar por la eliminación de todas sus causas’. Consideramos que todavía hay mucho espacio diplomático a nivel internacional para presionar al gobierno venezolano. Una intervención militar foránea victimizaría a Nicolás Maduro y lo matizaría ante la historia”.

Líder de la organización política Vente Venezuela, a María Corina Machado se le ha etiquetado de “radical” por sus cuestionamientos frontales ante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro e incluso ante los propios partidos de la oposición. A este asunto, sin embargo, Machado se aproxima con otra visión: “Desde hace mucho tiempo yo he insistido en que el proyecto de poder que existe en Venezuela tiene tres características: es totalitario y criminal; es un proyecto trasnacional en el sentido de que hay apoyos de fuerzas internacionales actuando en el país; y en tercer lugar, tiene la intención de expandirse usando a Venezuela como centro de operaciones y fuente de negocios oscuros para infiltrar y tomar control de otros países en América Latina. Lograr la erradicación de un sistema de mafias en nuestro país indiscutiblemente requiere el apoyo de las fuerzas democráticas internacionales”.

Pero Machado confía en otra posibilidad más allá de lo militar.

“Considero que en Venezuela hay fuerzas populares e institucionales –y me refiero tanto en la burocracia pública como en la Fuerza Armada- con capacidad de lograr que internamente se genere la energía para lograr una coordinación, un movimiento que impulse la división de la dictadura y su salida, siempre y cuando esta fuerza local cuente con la firme posición internacional de ejercer la presión y la amenaza creíble para que el régimen entienda que su mejor opción es facilitar una transición”, explica: “En síntesis, no creo que sea necesaria una actuación militar extranjera. Hay civiles y militares en nuestro país que pueden conducir a ese cambio de régimen con la presión internacional y decidida -que ya está haciendo efecto- para producir rupturas dentro del oficialismo y de la Fuerza Armada y en segundo lugar para crear las garantías y facilidades para esa salida”.

 Por ese camino parecen ir las recientes señales que llegan de Estados Unidos. La gira latinoamericana del secretario de Estado, Rex Tillerson, apunta a la construcción de un consenso regional en torno al caso Venezuela. Y sus palabras en la Universidad de Texas el 6 de febrero asoman una coincidencia con la opinión de Machado: “En la historia de Venezuela y otros países sudamericanos, muchas veces el ejército es el agente de cambio cuando las cosas están tan mal y el liderazgo ya no puede servir a la gente”.

El senador estadounidense Marco Rubio arrimó más leña a este fuego con sus declaraciones del viernes 9 de febrero: “El mundo apoyará a las Fuerzas Armadas en Venezuela si deciden proteger a la gente y restaurar la democracia removiendo a un dictador”. Pero la posición oficial del gobierno de Donald Trump todavía es la de presionar en el campo de batalla diplomático y económico. Es decir, ejercer la presión desde afuera.

“La demora en una respuesta de este tipo sólo parece augurar la necesidad de acciones aún más drásticas en un futuro no muy lejano, pues la crisis de Venezuela comienza a estallar como lo haría una reacción en cadena”, escribió Miguel Ángel Martínez Meucci, profesor de estudios políticos de la Universidad Austral de Chile en un artículo para la web PolitikaUcab en el que respalda y amplía los argumentos de Haussman. Y añadió: “Lamentablemente, sólo la consumación de una desgracia suele propiciar consensos en torno a lo que hubiera hecho falta hacer para evitarla; esperamos que para el caso venezolano no sea ya demasiado tarde”.

Ricardo Hausmann publicó un nuevo texto en Project Syndicate el 7 de febrero en el que comenta reacciones a su planteamiento de intervención militar: “Algunos países latinoamericanos, comenzando por Brasil, rápidamente emitieron declaraciones indicando que esta opción está fuera de juego. Algunos académicos y medios de comunicación también expresaron su oposición a esta idea”. Y añade: “Sin embargo, nadie ha propuesto una solución mejor, salvo la esperanza de que las sanciones individuales lideradas por Estados Unidos o un embargo petrolero tengan éxito. A medida que la situación empeora, todos tendrán que reconsiderar sus opciones. Sencillamente, no han logrado formular una alternativa efectiva que sea más aceptable”.

@oscarmedina1

* Yahoo Noticias

En la foto, una mujer durante una protesta en Venezuela por la falta de alimentos y medicamentos. (AP Photo/Ariana Cubillos)