Domingo, 16 Junio 2019

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Creación

El despecho del maestro Isaac Carrillo un 10 de enero

Por Guillermo Romero Salamanca

Al maestro vallenato Isaac “tijito” Carrillo Vega, una despedida lo puso a llorar un 10 de enero. Tal vez sería en los finales de los años sesenta cuando una mujer a la cual quiso mucho se marchó para Venezuela.

En esa época era común en la costa Atlántica buscar horizontes de progreso en el vecino país. El compositor, solo y triste, comenzó a entonar su malevolencia diciendo: “Tuve un amor y se fue, pero volvió/ para vivir junto a mí, toda la vida/ contigo seré feliz, le dije yo/ y para siempre serás, mi consentida”.

Lo cierto es que el maestro llevaba muchos años componiendo, haciendo versos y creando verdaderas historias que luego las musicalizaría en ritmos como el paseo y el merengue, pero tenía un problema: no sabía escribir.

Y por ello debía repetir y repetir la canción hasta memorizarla.

“Nuestro romance duró poquitos días/ el diez de enero se fue no sé pa' donde/ pero que triste se ve llorar a un hombre/ esa mujer me dejó sin alegría.

El maestro Isaac Carrillo es uno de los símbolos de la música vallenata. Es quizá uno de los primeros que compuso y cantó sin tocar un instrumento y sin ejecutar el acordeón. Tiene más de treinta canciones grabadas y muchas inéditas, las cuales son en su mayoría paseos y merengues como La sal de fruta, El baile de la pluma, Las mujeres, De hinojos, Lejanía, Muchachita querida, A lo tuyo tú, Negrita linda, De flor en flor, Adalina, 10 de enero, Aventurera y el inolvidable éxito La cañaguatera.

Sus composiciones han sido grabadas por ilustres del vallenato como Los Hermanos Zuleta, Alfredo Gutiérrez, Jorge Oñate, ‘Beto’ Zabaleta, Diomedes Díaz, ‘Poncho’ Cotes e Iván Villazón.

Ese diez de enero siguió memorizando: “La vi llorando con mucha pena/ a veces pienso que tú eres mala/ por tu nobleza yo sé que tú eres buena/ pero por qué me dejaste herida el alma”.

San Juan del Cesar, al sur de La Guajira, lo vio nacer el 3 de junio de 1937 en el hogar conformado por Víctor Carrillo Pinto y Ana Basilia Vega Brito. Fue el mayor de los siete hijos que tuvo la pareja y desde muy pequeño comenzó con las labores del campo y a cantar por donde pasaba.

Su abuela, doña Nicasia Vega, al observar que sería de una baja talla sentenciaba que “tijito” –por decirle “hijito”—no crecería mucho. En efecto, el maestro sólo alcanzó el metro con 56 centímetros, pero lo que ganó en estatura lo conquistó en fama y en buena suerte con las mujeres, aunque aquel diez de enero no le fuera tan bien.

“El día que yo te llevé pa' la montaña/ tú te alejaste de mí por mi pobreza/ y me dejaste un dolor dentro del alma/ tú sacrificas mi amor por la riqueza”, seguía con su lamento.

El maestro Isaac realizó múltiples oficios en su vida como atender un billar, cortar leña, cargar agua y auxiliar de bus. Un día aprendió a conducir camión y luego un bus interurbano que bautizó como “el monarca” y que luego sería una de sus composiciones.

“Le pediré al presidente de Venezuela/ que te persigan allá por donde vayas/ que no te deje cruzar por la frontera/ porque mi vida sin ti no vale nada”, escribió esa tarde con el alma destrozada ante la despedida de una de sus mujeres.

“Tú no me quieres, es la razón/ mejor así que no me quieras/ yo solamente te di mi corazón/ que te bendiga mi Dios linda morena”, concluyó este insigne letrista del vallenato.

Un día, mientras iba al volante de “El monarca”, le dijo al rey vallenato Nicolás “colacho” Mendoza que él también componía y comenzó a cantarle varios temas. El maestro lo invitó entonces a conformar un grupo y de inmediato abandonó la conducción y se dedicó a las parrandas.

Meses después de ese llanto del diez de enero se encontró con el maestro Alfredo Gutiérrez, le cantó la canción y el tres veces rey, lo llevó a los estudios de grabación, donde con el sello Costeño de Codiscos, se lanzó a mediados de 1970 y en semanas se convirtió en uno de los grandes éxitos.

Hace unos años Los Hermanos Zuleta lo volvieron a grabar y los aplausos se repitieron.

“El diez de enero” hace parte del inventario de los verdaderos clásicos de la música del Valle de Upar.

Hoy, con 82 años el maestro sigue con sus canciones, es un ídolo de la composición y sigue acordándose de aquella mujer que lo dejó para cruzar la frontera hacia el vecino país donde Maduro se perpetúa en el poder, mientras la gente se muere de hambre.