Domingo, 16 Junio 2019

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Alternativas

¿Puede una tobillera salvar la vida de una mujer?

Por Nidia Hidalgo | Gabriela Vega |*

La violencia íntima de pareja, una de las violaciones más generalizadas de los derechos humanos, tiene impactos inmediatos y a largo plazo en las mujeres y acarrea múltiples consecuencias mentales, económicas, sociales y físicas, incluida la muerte. De hecho, a nivel mundial, hasta un 38% de los asesinatos de mujeres son cometidos por su compañero íntimo.

Para las mujeres que viven en situación de violencia doméstica, la vida transcurre entre sentimientos de miedo, confusión, frustración, enojo, vergüenza y culpa, lo que conlleva a sufrir depresión, estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad.

En ese estado de agobio se encontraba Ángela, a pesar de la orden de alejamiento y la tobillera electrónica dictada a su exmarido por un juez como medida preventiva. Efectivamente, llegó el día en el que el agresor decidió quebrantar la ley y atacar, una vez más, a Ángela, en su domicilio. Como ella se encontraba en la ducha, no escuchó cuando el dispositivo electrónico emitió la alerta que indicaba la cercanía de su agresor. Pero el centro de monitoreo del sistema de prevención de ataques y la policía también fueron alertados. En el instante en el que los policías ingresaron al apartamento de Ángela, encontraron al exmarido asfixiándola con una almohada en el comedor. Angela sobrevivió.

Este es un caso que ejemplifica cómo los dispositivos electrónicos de monitoreo (DEM), entre ellos las tobilleras electrónicas, han salvado vidas.

¿Cómo funcionan y cuál es su eficacia?
Las tobilleras electrónicas permiten la localización en tiempo real, tanto de la víctima como del agresor, por medio de un rastreador que porta el agresor—que no se puede retirar o desactivar—y otro que porta la víctima. Cuando el primero sobrepasa la distancia mínima establecida por la ley, los dispositivos emiten una alerta que informa a la policía a fin de advertir al agresor y a la víctima. Las alertas también pueden generarse si el agresor trata de removerse el dispositivo, si éste se descarga, o si las personas entran en áreas en la que la señal se interrumpe, entre otros.

Diversos estudios muestran que la medida ha resultado ser eficaz tanto para mantener alejado al agresor como para mejorar la calidad de vida de las mujeres víctimas, quienes reportan sentirse más seguras y tener más tranquilidad.

No obstante, los DEM también presentan desafíos para ellas, sobre todo cuando se generan alertas falsas o por la molestia de llevarlo consigo todo el tiempo o cuando accidentalmente presionan el botón de pánico.

Tecnología que promete, pero con retos operativos
La implementación de las tobilleras electrónicas requiere reformas legales, análisis técnicos y económicos para orientar una ejecución efectiva y sostenible en el largo plazo. Requiere también la inversión en equipos y software, tecnología GPS, infraestructura para albergar la central de monitoreo y el personal, vehículos y activos policiales en números suficientes, y entrenamiento en la operación y mantenimiento del sistema. Su efectividad depende de la capacidad de respuesta institucional frente a las alertas, así como de otros factores tanto humanos (que la mujer porte su rastreador y lo mantenga con la batería recargada) como técnicos (áreas geográficas extensas con baja probabilidad de que el agresor y la víctima se crucen, o buena señal de recepción, entre otros).

Algunos países de América Latina ya aplican esta tecnología, o están en proceso de hacerlo, para detectar y prevenir actos delictivos y como sistema alternativo a la privación de libertad de personas en conflicto. Es el caso de Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador, México, República Dominicana y Uruguay. No obstante, no es aún una medida ampliamente implementada en la región. En parte por las limitaciones mencionadas anteriormente y en parte por la existencia de puntos de vista encontrados en cuanto a sus beneficios.

Por un lado, las tobilleras pueden mejorar el costo-efectividad en los recursos del sistema de justicia, con resultados positivos en la reducción de la población carcelaria, optimización del trabajo del personal carcelario y reducción del costo de vigilancia por persona. Asimismo, pueden contribuir a la recuperación de la vida civil, la reducción de la reincidencia y a la rehabilitación de personas que cumplen medidas o condenas, permitiéndoles realizar actividades educacionales y laborales.

Por otro lado, el control electrónico es una herramienta limitada que busca obtener efectos a corto plazo sin profundizar en las causas que fomentan la violencia íntima de pareja. También existen opiniones, en contra del mecanismo, relacionadas a la estigmatización social que portar los dispositivos podría causar no sólo al agresor, sino incluso a las víctimas.

Las tobilleras electrónicas pueden salvar vidas de mujeres en una región que se caracteriza por altos niveles de feminicidios. Sin embargo, cabe destacar que la violencia contra las mujeres es un fenómeno multi-causal que afecta a una amplia gama de personas en diferentes entornos y que debe abordarse en múltiples niveles y en múltiples sectores de la sociedad simultáneamente. En la región es necesario invertir más recursos y doblar esfuerzos en áreas que van desde la recolección de datos, la creación y aplicación de leyes que garanticen la igualdad de protección, la mejora de la capacidad de respuesta de las instituciones pertinentes, el apoyo a la investigación y documentación sobre estrategias de prevención, la prestación de servicios de calidad de apoyo a las sobrevivientes, y programas de educación y concientización que promuevan cambios en las normas y las actitudes sociales nocivas para las mujeres y las niñas, entre otros. En el momento de salvar vidas de mujeres, cada voz, cada esfuerzo y cada avance cuenta.

*Nidia Hidalgo es Especialista Senior en la División de Género y Diversidad del BID en la Representación de El Salvador. Cuenta con una Maestría en Ciencias del Desarrollo Rural en la especialidad de género y un Doctorado en Problemas Económico Agroindustriales en la Especialidad en Mercados Financieros Rurales y Género por la Universidad Autónoma Chapingo (México). Antes de trabajar en el BID fue Coordinadora del Área de Género del PNUD para El Salvador. Además, ha trabajado como consultora en género para diversas organizaciones internacionales, ha sido ponente en seminarios y congresos y es autora o coautora de numerosos libros y artículos.

*Gabriela Vega. Socióloga graduada de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y Cambridge y Oxford en Inglaterra. Cuenta con más de 35 años de experiencia en desarrollo económico y social, tanto en medios académicos, ONGs, sector público e instituciones internacionales. Fue staff del BID durante 23 años, donde estuvo a cargo de la integración de los temas de igualdad de género, incluyendo la redacción de la actual Política de Igualdad de Género. Actualmente se desempeña como consultora en los temas de atención a la violencia contra las mujeres, el embarazo adolescente y el liderazgo de las mujeres en América Latina y el Caribe.