Miércoles, 21 Agosto 2019

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Sudáfrica, tras la identidad de los muertos anónimos

Por Susan NJANJI*

"Mujer negra adulta". "Hombre blanco adulto". Como cada mes, en el cementerio de Olifantsvlei, cerca de Johannesburgo, las pompas fúnebres entierran modestos féretros con cuerpos no identificados en su interior.

Cuarenta y seis cuerpos que pasaron hasta tres meses en la morgue sin que nadie acudiera a identificarlos son extraídos de un camión frigorífico por agentes con overoles blancos y guantes azules.

Los ataúdes son apilados apresuradamente y sin ceremonia, de tres en tres o de cuatro en cuatro, en agujeros recién cavados con una profundidad de tres metros.

En Sudáfrica resulta una tarea rutinaria: en las congestionadas morgues de Johannesburgo, uno de cada diez cadáveres nunca es identificado.

"Es una cifra increíblemente alta: 1.000 personas muertas cada año no son identificadas solo en la provincia de Gauteng", la más poblada del país y en la que se encuentra Johannesburgo, señala la profesora Jeanine Vellema, directora del instituto médico-legal de la universidad Wits de Johannesburgo, quien supervisa las 11 morgues públicas de Gauteng.

La mayoría de estos cuerpos pertenecerían a migrantes, señala. Sudáfrica, la primera economía del continente, es considerada un Eldorado por cientos de miles de migrantes africanos.

Cada semana, un equipo de la universidad de Wits se dedica durante dos días a intentar hallar la identidad de estos muertos anónimos.

En la morgue de Hillbrow, en Johannesburgo, varios voluntarios sacan un cuerpo de la sala de refrigeración y lo transportan a una camilla en una habitación en la que durante varios horas registrarán meticulosamente todos los indicios que puedan ayudar a identificarlo: huellas dactilares y dentales, tatuajes, escarificaciones tribales, cicatrices...

Pero si se trata de un migrante clandestino, es difícil cotejar estos datos con una documentación oficial.

- 40% de éxito -

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ayuda a Sudáfrica a comparar los elementos recopilados con informaciones sobre personas que se cree que desaparecieron en países vecinos, como Zimbabue o Mozambique.

"Un cadáver no identificado no revela mucho sobre su origen", reconoce Stephen Fonseca, experto forense que trabaja con el CICR.

Y "la morgue no es extensible, es realmente difícil para las autoridades locales gestionar la cantidad de cuerpos que reciben", añade.

Los voluntarios de la universidad logran identificar no obstante alrededor del 40% de los cuerpos de la morgue de Hillbrow de los que se encargan, del total de 16 que suelen recibir al mes.

"Es una muy buena tasa", asegura Trish-Jean Mahon, miembro del equipo forense. "¡Cuando se lanzó el proyecto, nos daba miedo no llegar a identificar ni a uno solo!".

La mayoría de cadáveres son de víctimas de accidentes o de asesinatos, sin papeles de identidad o con documentos falsos, en un país con una de las tasas de homicidios más altas del mundo, 57 por día, para 57 millones de habitantes.

Lejos de Johannesburgo, en la provincia oriental de Mpumalanga, fronteriza con Mozambique y Esuatini, una familia zimbabuense logró encontrar a uno de los suyos, Sampinya Ndou, de 58 años, quien había partido hacía 45 para trabajar en una granja.

Pero no fue posible encontrar a otros dos miembros de la familia que también migraron a Sudáfrica en los años 1970, a pesar de los esfuerzos del CICR. Podrían encontrarse entre los miles de cadáveres anónimos enterrados cada año.

"Me espero cualquier cosa. Que mi hermano y mi otro tío estén muertos o vivos", reconoce el sobrino de Sampinya Ndou, Samson, quien recorrió más de 700 km desde su localidad de Dite, en el sur de Zimbabue, en busca de miembros de su familia.

"¿Quién puede saber si aún forman parte de este mundo? Lo único que podemos hacer es esperar".

*Agencia AFP Yahoo Noticias