Martes, 11 Diciembre 2018

 Jorge Medina Rendón - Director

 

Humberto de la Calle: “Tengo tres veces más experiencia que Duque”

El candidato del liberalismo defiende sus posibilidades de ganar la Presidencia, la unidad de su partido, el liderazgo y compromiso del expresidente César Gaviria con su campaña y la credibilidad del Acuerdo de Paz por encima de los dos escándalos de la semana: la captura, con fines de extradición, de “Jesús Santrich”, y la ejecución de tres periodistas ecuatorianos a manos de un grupo disidente de esa guerrilla. 

Mucho se ha debatido sobre la unidad del partido Liberal en torno a su candidatura y sobre el acompañamiento del expresidente Gaviria a usted. ¿Cuál es la verdad en cuanto a los síntomas de división y al escaso nivel de compromiso del director del liberalismo con su campaña?

El partido Liberal está hoy completamente unido en torno a mi candidatura. Esta semana se reafirmó el apoyo unánime de la bancada y de las bases. Además, el acompañamiento del presidente César Gaviria a la campaña ha sido notorio. Los liberales de pensamiento, quienes no necesariamente pertenecen a nuestro partido, también nos han dado muestras generosas de su respaldo.

Permítame ser sincera: mucha gente opina que siendo usted la mejor opción para llegar a la jefatura de Estado, su candidatura no ha podido despegar porque es prisionero de su propio partido y de la megalomanía de César Gaviria, además de la evidente confrontación del expresidente con el exministro Cristo y sus amigos parlamentarios. ¿Se siente atrapado en ese “bulto de anzuelos”?

Absolutamente no.

¿A qué se debe esa respuesta tan lacónica? ¿Al “bulto de anzuelos”?

No. Simplemente, esa es mi convicción.

¿Cuál es su análisis sobre la entrevista que el expresidente Gaviria le dio a Yamid Amat en “El Tiempo”? Le adelanto dos críticas: 1. Que el director de un partido de la talla del exmandatario no puede achacarle los problemas de su colectividad a alguien externo a ella (Sergio Fajardo). 2. Que él pareció estar tendiendo puentes oportunistas hacia Duque y Vargas Lleras para asegurarse un puesto clientelista en la segunda vuelta. ¿Usted qué dice?

El trabajo del director del partido es fortalecer y cohesionar la colectividad. No es una tarea sencilla, pero considero que el presidente Gaviria la ha venido haciendo, y no precisamente achacándole las responsabilidades a un tercero. Por el contrario, ha sorteado las dificultades que conlleva guiar un partido como el Liberal, por medio del diálogo y la conciliación. Como lo dije antes, más allá de las especulaciones que se hayan podido generar, hoy la ruta del liberalismo es una y en eso estamos concentrados: mostrarnos como la mejor opción para Colombia y pasar a segunda vuelta. Lo de Sergio fue un error suyo. Cuando me convertí en candidato liberal lo invité a una consulta para el 11 de marzo. Al rechazarlo, permitimos que la opinión se concentrara en las consultas de la izquierda y de la derecha, el día de la elección de Congreso. Esa invitación la hice cuando Sergio me aventajaba en las encuestas. Luego no había cálculo ni ego de por medio.

Los liberales que se disputaron la candidatura con usted, es decir, Juan Fernando Cristo y Juan Manuel Galán, insistían en hacer una consulta partidista ese mismo 11 de marzo, como las de Duque y Petro. ¿Se arrepiente de la aparente mala decisión de no haberla aceptado?

No fue una mala decisión. Lo que se discutía, entonces, era que varios candidatos liberales, 6 o 7, fuéramos a una consulta con otros candidatos de fuera. Eso hubiese sido caótico y un suicidio para el liberalismo. En el congreso liberal se señaló el camino correcto: candidato en noviembre y consulta de centro el 11 de marzo. Los llamados a esa consulta fueron los que fallaron. Siempre insistimos en una gran alianza que ganara en primera vuelta y que, en principio, se debía definir en consulta. No fue posible. Pero no hay que llorar sobre la leche derramada: hay que continuar y estamos firmes en nuestro propósito. No olvidemos que ser futuristas del pasado siempre es fácil.

Un momento: sus dos respuestas anteriores, en cuanto parece estar de acuerdo con Gaviria en que la culpa de lo sucedido es de Fajardo, me sorprende porque usted se reunió con él en un publicitado café hace poco y se les vio a ambos dispuestos a explorar opciones. Ahora usted le da la razón al jefe de su partido.

Siempre defendí la hipótesis de la coalición de centro. La mejor ocasión hubiera sido el 11 de marzo, repito. Sergio no aceptó. Pero yo, de manera coherente, insistí, recientemente, cuando nos tomamos un café. Allí, él y yo dijimos que, antes de todo, era necesario esclarecer el problema jurídico. Por eso hice la pregunta formal al Consejo Nacional Electoral, que ya conceptuó que esa idea no era viable. Fue una conducta sabia. No quiero pensar qué hubiera pasado si hubiésemos seguido adelante con la consulta interpartidista y esta se hubiera derrumbado por razones jurídicas en fecha más cercana a las elecciones.

Mientras los analistas aseguran que está “preso” del gavirismo, otros dicen que es usted quien no quiere tomar distancia del expresidente. ¿Eso es cierto?

Al ser elegido el presidente Gaviria, de manera unánime, como director del partido, y al proclamarse mi candidatura, ambas decisiones tienen un mandato que se debe respetar. Ha habido tropiezos, no hay que desconocerlo, pero los dos compartimos la convicción de que hoy, más que nunca, debemos salvaguardar el Acuerdo de Paz que ha traído el fin del conflicto. Para eso estamos trabajando y ese es nuestro propósito como liberales.

Como dije, creo que su nombre merece respeto y agradecimiento de Colombia, en campaña o fuera de ella. Pero no puede dejar la impresión de que usted es a Gaviria lo que Duque es a Uribe…

Tengo tres veces más experiencia que Duque, sobre todo en temas críticos para Colombia, y le menciono solo dos: 1.- En la constituyente que dio paso a la Constitución del 91, llevé la vocería del Gobierno y el desempeño en esa tarea me valió el reconocimiento general. Y 2. Por mucho que se le hagan críticas al acto del Teatro Colón, estoy convencido de que el Acuerdo de Paz en el que trabajé por varios años, es el hecho histórico más importante del país en las últimas décadas.

Hay muchos rumores sobre la desbandada oportunista de los congresistas de su partido hacia las candidaturas del Centro Democrático y de Cambio Radical. ¿Los desecha como falsos o les da credibilidad?

No podemos hacernos los de la vista gorda. Han existido esas ideas y posiblemente intenciones de algunos, pero la realidad única e inquebrantable es lo que vivimos esta semana con el apoyo unánime de la colectividad. Nuestro partido promueve las libertades como piedra angular de nuestro pensamiento. Con esa misma libertad, todos cerraron filas por esta candidatura, repito, fundamentada en millones de voces que, con su pensamiento y coherencia, están escogiendo la opción de la reconciliación para Colombia.

Con franqueza, ¿ha pensado en renunciar a su candidatura antes de enfrentarse a una baja votación que podría ser la menor de toda la historia electoral del liberalismo sin que su nombre tenga nada que ver en la posible debacle?

No puedo negar que hay días más duros que otros. Legalmente, una renuncia tendría implicaciones, incluso patrimoniales. Pero nuestra energía no ha desfallecido un solo instante desde que asumimos esta tarea. Miles de colombianos nos han dado su mano y su apoyo para continuar el camino y esto me llena de entusiasmo y compromiso. Tenemos 50 días para dejar de ser una aspiración utópica, para hacernos oír y para mostrarnos como la opción que más le conviene a Colombia.

Usted fue el jefe de la delegación del Gobierno durante la negociación con las Farc. ¿Cuánto conoció, en La Habana, a “Jesús Santrich”, sorpresivamente capturado esta semana con fines de extradición, y qué impresión le daban sus argumentos en las discusiones con ustedes?

Nosotros nos cuidamos de no socializar, de no llevar las conversaciones a un grado de amistad. Siempre entendimos que estábamos trabajando. Por tanto, conocí a Santrich fundamentalmente en la mesa: era inteligente, irónico y extraordinariamente radical. Diría que, entre los delegados de las Farc, era uno de quienes tenían posiciones más extremas.

¿Por ejemplo?

En el tema agrario y en la formulación del que ellos denominaban derecho a la rebelión. En términos generales, sostenía que cualquier forma de latifundio era inaceptable y que los pueblos tenían el derecho a la rebelión, frente a sus dirigentes.

En cuanto al narcotráfico y al involucramiento de las Farc en ese delito, tema que fue objeto de amplias controversias en el curso de las negociaciones, ¿cuál fue la posición de “Santrich”?

Santrich sostenía que ellos no eran narcotraficantes y que lo que las Farc habían hecho era cobrar un gramaje, “un impuesto”, según él. Nosotros afirmábamos que era evidente que las Farc estaban comprometidas con esa actividad delictiva. Después de una tensión bastante crítica en la mesa de discusiones, logramos aprobar una frase en el Acuerdo que dice textualmente: “Las Farc se comprometen a romper todo vínculo con el narcotráfico y a cooperar con el Estado en la solución del problema mundial de las drogas”. Eso es claro, como también lo es que se estableció una fecha de cierre para aplicar la justicia transicional y que quien delinquiera después debía afrontar los rigores de la ley, tal como está ocurriendo hoy.

¿Qué impresión tuvo cuando conoció la noticia de la captura de Santrich y del allanamiento a la casa en que residía? ¿Y cómo le pareció el operativo adelantado entre DEA y Fiscalía?

Sentí estupor. Si se comprueba la veracidad de lo que afirma la Fiscalía, sentiría una enorme decepción. En cuanto al operativo en sí, no quisiera entrar en ningún tipo de comentarios hasta cuando se conozcan los detalles del mismo y las razones para haberlo programado como se hizo.

¿Más allá de la incidencia personal que la acusación tiene para “Santrich”, ¿el hecho de que un miembro del anterior Secretariado de las Farc esté bajo sospecha y a la espera de ser trasladado a Estados Unidos, quebranta la credibilidad nacional e internacional en el Acuerdo de Paz?

Por el contrario, debe reafirmarla, porque pese a que han tratado de desprestigiar el Acuerdo asegurando que garantiza impunidad, estamos demostrando que se negoció bien y que en esa negociación los límites quedaron claros: todo aquel miembro de las Farc que delinca después de la firma, tiene que afrontar las consecuencias legales por fuera de la justicia transicional. Con la captura de Santrich se caen los fantasmas: ni le entregamos el país a las Farc, ni el Acuerdo garantiza impunidad en ningún caso.

Visto desde otro lado, ¿el Acuerdo queda al borde de fracasar internamente? ¿Cree que, ante la captura de “Santrich”, podría haber una desbandada de exguerrilleros de base y jefes de columnas, de regreso al monte?

Repito, lo de Santrich es tremendamente decepcionante: no solo es un crimen, sino una torpeza. A la primera manifestación de Iván Márquez, según la cual el Acuerdo estaba al borde del fracaso, siguió la de Timochenko, para quien la paz está por encima de problemas individuales. Pero mi mayor preocupación es que grupos políticos poderosos manden el mensaje de que hay que cambiar el Acuerdo y justifiquemos esa intención, contra toda lógica, debido a la circunstancia de que un miembro de las Farc haya delinquido, presuntamente. No podemos volver a la guerra. Ese es mi gran temor y será lo que los colombianos vamos a tener que decidir en las próximas elecciones.

¿Cuánto afecta el escándalo Santrich su imagen –por ser el jefe de los negociadores del Gobierno– y, de rebote, su propia campaña presidencial?

Tanto palo me han dado, que ya me acostumbré. Hay diferentes posturas frente al Acuerdo, eso lo entiendo. Pero el tiempo nos va dando la razón. No me canso de reiterar que dar marcha atrás sería un grave error.

Aunque no hayan sido negociadores directos en La Habana, los candidatos presidenciales que han apoyado el Acuerdo de Paz (Fajardo, Petro y, en cierta medida, Vargas Lleras), ¿también podrían resultar afectados en sus posibilidades electorales?

Sinceramente no lo creo. Los que pueden resultar afectados son aquellos candidatos que quieren replantear temas estructurales del Acuerdo, porque los colombianos se van a dar cuenta de que las premisas negativas que han venido difundiendo, carecen de todo fundamento. A pesar de los tropiezos en la implementación, el Acuerdo está soportado en bases sólidas e, insisto, la detención de Santrich lo demuestra: quien no cumpla lo pactado, se atiene a las consecuencias.

“Una lógica perversa”

Perdone si le parezco pesimista pero la captura de Santrich es la noticia que soñaron muchos contradictores del Acuerdo: la están disfrutando…

Es posible, pero será una reacción temporal. No creo que se sostenga por mucho tiempo porque la razón indica – contrario a lo se dice - que el Acuerdo fue tan bien negociado que se pactó que quien delinquiera después de la firma, sería procesado, como está ocurriendo.

¿Le genera alguna preocupación que la Fiscalía capture a Santrich a semanas de la primera vuelta presidencial?

Sin duda ese será un tema de campaña que se tocará repetidas veces en los debates. Sin embargo, no creo que se trate de una interferencia. Simplemente es una actuación en una coyuntura particular que dará de qué hablar, para bien y para mal.

Confirmado el doloroso asesinato de tres periodistas ecuatorianos a manos de una disidencia de las Farc, la oposición al Acuerdo puede fortalecerse…

Valerse de un hecho repudiable como el asesinato de los tres periodistas para reiniciar una guerra de más de 50 años y 8 millones de víctimas, tiene una lógica perversa. Las llamadas disidencias de las Farc han quedado por fuera del Acuerdo. En consecuencia, este no las cubre y su condición es la de delincuentes comunes.

“Me consideran la mejor opción”

¿Cuánto inciden en su ánimo y en el ánimo de su equipo de campaña las bajas cifras de intención de voto en las encuestas?

Es claro y no pienso desconocer que podríamos ir mejor en las encuestas. Pero aquí estamos firmes, trabajando arduamente para ir, con nuestra propuesta, a primera vuelta. Es curioso: los colombianos hoy me consideran, entre los candidatos, como la mejor opción; también, como el de mayor experiencia y visión más moderna y conveniente de país, para estos momentos. Pero, a la vez, cuestionan la cantidad de votos, precisamente por los resultados en las encuestas. Con estos hechos contradictorios se está desconociendo que la única forma de ganar es votar a conciencia sin dejarse llevar por el miedo o por la polarización.

A mi juicio, hay dos aspectos que están influyendo, de manera perniciosa, en los electores: la enorme cantidad de encuestas sin verificación de su seriedad e independencia y la credibilidad, a ciegas, en lo que ellas predicen ¿Qué opina?

No suelo pelear con las encuestas pero es evidente que se han presentado inconsistencias entre unas y otras a pesar de que el trabajo de campo se hubiera realizado en las mismas fechas. No hay que olvidar, tampoco, el fracaso de muchos sondeos electorales, el más reciente de ellos en Costa Rica.

Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador

“Ha habido tropiezos pero hoy, más que nunca, debemos salvaguardar el Acuerdo de Paz que ha traído el fin del conflicto”, dice De la Calle. /  FOTO EFE