Sábado, 19 Agosto 2017

 Jorge Medina Rendón - Director

 

Historia de una niña pintora con autismo y la gata que la hizo hablar

POR YULEINA BARREDO-. No hay que ser un gran apasionado del arte para admirar las obras de Iris Grace, una niña de 8 años que encontró en la pintura una forma propia de expresar lo que el autismo le impedía decir con abundancia de palabras.

La historia de la pequeña, que vive con su familia en el Reino Unido, ha recorrido el mundo. Cuando a los dos años de edad fue diagnosticada con este padecimiento, su situación era preocupante. Tenía cero contacto visual, mostraba comportamiento obsesivo, se rehusaba a jugar con otros y sus patrones de sueños eran desordenados.

Pero su vida cambió cuando la gatita Thula, de la raza Maine Coon, llegó a la casa. Arabella Carter-Johnson, la madre de Iris, reconoce la importancia que ha tenido en la transformación de su hija esa amiga que la acompaña día y noche. 

La presencia de la gata ha funcionado como una terapia efectiva para desbloquear las puertas de la comunicación que parecían aparentemente cerradas. Fue amor a primera vista. Desde el inicio, Iris y Thula entablaron una tierna relación de amistad y camaradería. 

Pronto los cambios comenzaron a hacerse notar, relata la madre. Ella reaccionaba negativamente si algo rozaba su piel. Rechazaba vestirse o tomar un baño. Sin embargo, la nueva mascota ama el agua y pronto comenzó a compartir la bañera con su dueña.

Cuando montaban en el auto, Iris se impacientaba. De pronto el travieso animalito saltaba sobre su regazo y todo iba bien. También comenzaron a escucharse palabras tales como “siéntate gata” o “más gata” y Thula obedecía.

Con su inseparable amiga a su lado, la niña comenzó a crear pinturas impresionantes inspiradas en la naturaleza. Algunos coleccionistas de arte han llegado a comparar sus paisajes abstractos –salvando las distancias- con las relajantes escenas de Claude Monet. 

A Iris le encanta crear sus propios pigmentos. Tiene una sensibilidad especial para el color. En su rutina creativa, sumerge los pinceles de taza en taza y observa cómo van cambiando las tonalidades.

De igual manera, sobre el mismo papel despliega un juego cromático que le confiere a sus creaciones ese sello tan especial. Para lograr todo tipo de texturas utiliza instrumentos variados: rodillos, cepillos y esponjas. Cuando concluye la sesión, deja secando las pinturas sobre la mesa. Algunas veces las retoma para agregar más colorido.

 

Al principio, su mamá titulaba las obras de acuerdo al estado de ánimo de la pequeña o de la música que habían escuchado durante el proceso creativo. Pero ahora, gracias al avance en la comunicación que ha tenido Iris, ella misma las nombra.

Bajo la acertada mirada de Rupert Ward-Lewis, este ritual, colorido y espontáneo, quedó inmortalizado en un cortometraje. El cineasta ha capturado la alegría que produce en la pequeña la posibilidad de expresarse libremente a través de la pintura.

La historia de esta artista innata y su gata Thula también figura en las páginas de un libro ilustrado con fotografías a todo color y publicado por la editorial Penguin.

El caso de Iris Grace sirve de ejemplo positivo para otros padres cuyos hijos están considerados dentro del espectro autista. Nunca hay que perder las esperanzas.

Como se ha demostrado en este y otros casos similares, las terapias y la interacción social son componentes esenciales para sacar adelante a los niños autistas. Junto con la llegada de Thula, Iris comenzó a dar clases de música clásica y violín.

Arabella Carter-Johnson y su esposo también pertenecen al grupo The Little Explorers Activity Club que trabaja con niños autistas dándoles la posibilidad de interactuar socialmente. Entre todos incentivan los intereses infantiles por la cocina, la ciencia, la historia y otras materias educativas.

Con la ayuda de sus terapeutas, de familiares y amigos que la rodean y de su gata, Iris avanza a pasos agigantados. Ahora ella juega, duerme mejor y desarrolla cada día más sus habilidades comunicativas para relacionarse con los demás. El autismo no ha sido un impedimento para llevar una vida plena al lado de sus seres queridos.

El Trastorno del Espectro del Autismo (TEA), como actualmente se le conoce, hace referencia a un conjunto de condiciones que afectan el neurodesarrollo y el funcionamiento cerebral.

En este punto las áreas de la comunicación y la interacción social se ven severamente afectadas. A pesar de que en la actualidad cientos de personas han sido diagnosticadas con este padecimiento, sus causas no están del todo claras.

Incluso algunos psicólogos, entre ellos el Doctor en Ciencias Pedagógicas, Guillermo Arias Beatón, manejan su propia teoría con respecto al tema. Para este especialista, los síntomas autistas, en muchos casos, son consecuencias de un proceso de inhibición o bloqueo de la necesidad de comunicación afectiva, social y cultural del niño en los primeros meses de nacido.

Tomando como ejemplo el caso de Iris Grace, debemos coincidir con este punto de vista psicológico cuando insiste en que la biología del ser humano no es para nada rígida e inmutable. Por el contrario, es muy flexible y si la estimulación llega en edades tempranas los síntomas autistas pueden mitigarse e incluso desaparecer.