Necesidades de aprendizaje para la pospandemia

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La pandemia del Covid-19 ha generado nuevos y múltiples desafíos para todos los países del mundo, pero especialmente para los de América Latina y el Caribe, con impactos aún impredecibles en el logro de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El mundo corre grave peligro de padecer epidemias o pandemias de alcance regional o mundial y de consecuencias devastadoras, no sólo en términos de pérdida de vidas humanas sino de desestabilización económica y caos social.

Nuestras necesidades de aprendizaje se fundamentan a partir de seis principios que enumeramos brevemente:

— Racionalidad. Si nos proponemos metas, es lógico que verifiquemos su nivel de realización; por otra parte, resulta imprescindible el estar al día en el desarrollo de los conocimientos científicos, pedagógicos, organizativos u otros que afecten a la institución y a sus profesionales.

— Responsabilidad. La actividad académica es una actividad comprometida con las personas y la sociedad, lo que exige tener en cuenta las repercusiones que se derivan de un proceder, de un enfoque o de un modo de relación.

— Profesionalidad. Asumiendo que se puede aprender de muchas maneras, una de las más eficaces se relaciona con el aprendizaje que se vincula a una reflexión rigurosa, compartida y constante sobre la práctica profesional.

— Perfectibilidad. Todo es perfeccionable; sin embargo, parece importante primar los procesos que impliquen participación y aprendizaje compartido.

— Ejemplaridad. La apertura a la crítica es una de las maneras que más se relacionan con la apertura mental y la humildad a que conduce el aprendizaje.

— Felicidad. Una práctica abierta a la discusión, el diálogo, el trabajo colectivo, etc. permite recuperar en el profesorado la ilusión por la enseñanza aprendizaje.

El contenido del aprendizaje puede ser muy diverso, centrándose en la naturaleza y las características de los estudiantes, en los procesos y resultados del aprendizaje, en el desarrollo de los planteamientos institucionales, en el funcionamiento de las estructuras de funcionamiento, en el clima y la cultura subyacentes, en las demandas sociales, en los requerimientos del sistema educativo, etc.; pero, sea como sea, lo importante será analizar si la institución ha avanzado respecto a lo que hacía con anterioridad y estudiar su capacidad para incorporar los progresos que las diferentes ciencias de la educación aportan.

Si es así, tiene sentido pensar que en este escenario sólo sobrevivirán las instituciones educativas capaces de renovarse y reinventarse de forma continua, que tienen unas estrategias ante el permanente cambio del entorno. En esta perspectiva, ¿puede ser realmente útil e importante la organización que aprende?, ¿es una posible respuesta o tan sólo una moda? Creemos que es una respuesta real y plausible en la situación actual. Conseguirlo exige:

— Abrirse al entorno y trabajar en Red.

— Asumir la diversidad de enfoques.

—Sincronizar a todos los niveles de la organización.

— Progresividad en la aplicación de las diferentes estrategias y coordinación de ritmos de cambio. — Reforzar los éxitos, mediante su reconocimiento.

— Un compromiso claro en el aprendizaje, que potencie lo personal y lo grupal.

— Un equipo directivo que comunique una visión clara de lo que es una organización inteligente, que se involucre de forma consecuente y que apoye el proceso de forma sistemática y visible.

— Utilizar el ejemplo de otras situaciones o de personas con credibilidad. La capacidad de adaptación rápida, esto es, de asimilar en poco tiempo nuevas ideas y de transformarlas en beneficio de la organización y de sus fines, es consecuencia de la capacidad de aprender, pero también del deseo de progresar y crecer.

Conseguir y mantener la organización como estructura de referencia que se perfecciona continuamente no es algo aleatorio, sino el resultado feliz de la confluencia de los siguientes factores:

  • Formación (como adecuación constante de los recursos humanos a las nuevas necesidades personales e institucionales);
  • Perseverancia y compromiso con el cambio (el aprendizaje colectivo exige desaprenderse de modos de comportamiento anteriores y va acompañado de la pérdida de seguridad que se tenía, no es de extrañar que abunden períodos de incertidumbre);
  • Planificación (incluye diagnóstico, programas de intervención y autoevaluación permanente); y,
  • Tiempo (si concluimos que los cambios son procesos).

Las organizaciones educativas están actualmente, más que nunca, expuestas al cambio y también a la incertidumbre.

Por Hernán Alejandro Olano García