La Universidad del Magdalena adelanta una investigación titulada ‘Diversidad de aves en el campus durante la pandemia de Covid-19’, que consiste en identificar las especies de aves presentes durante las medidas más estrictas de confinamiento en 2020 y la comparación frente al comportamiento de los individuos en la reactivación económica hasta 2021.

El estudio, liderado desde la Facultad de Ciencias Básicas por el biólogo Wilson García Martínez, coordinador del Bosque Seco de la Alma Mater, y el estudiante de grado del Programa de Biología Sergio Mendivil Rivas, ha sido aplicado en cuatro ecosistemas distintos del campus: bosque seco, canchas, zona del lago y granja.

La investigación ha determinado como hipótesis inicial que la actividad antropogénica dentro y alrededor ocasiona alteración de la estructura del campus con respecto a las especies de aves. Es decir, la presencia y la ausencia de personas influyen tanto en la disminución como en el aumento del número de la población de ciertos grupos, debido a la contaminación atmosférica y auditiva, la disponibilidad de alimentos, entre otros factores.

Como resultados parciales de los registros, se plantea la observación de 72 especies de aves migratorias, transitorias y residentes, las cuales se distribuyen en 26 familias. Por un lado, se avistaron especies pocos comunes que no son propias de los ecosistemas de esta Casa de Estudios Superiores; lo que explica que la restauración de los mismos tras el cese de actividades permitió a los animales alados regresar para actividades de forrajeo (búsqueda de alimento) y anidación (instalación de nidos).

Por otro lado, durante las medidas de confinamiento de abril a junio, se encontraron algunas aves migratorias cuyo período de estadía fue más extenso de lo habitual, lo cual es un indicio de que los espacios de la Institución ofrecieron los atributos idóneos para su permanencia. “De alguna manera el Covid alteró el tiempo en que las aves realizan sus migraciones”, señaló el biólogo Wilson García Martínez.

De la misma forma, algunas aves rapaces de gran tamaño cuyo hábitat son bosques húmedos y lugares de mayor altitud, fueron vistas en diferentes zonas del campus. Esto se debe a que la disminución del ruido y la poca actividad humana generaron las condiciones para llegar hacia los espacios verdes de la ciudad.

Sin embargo, de manera paradójica, la ausencia de algunos individuos está directamente relacionada con la actividad antropogénica reducida, puesto que las especies deben luchar por el mismo recurso alimenticio que antes era proporcionado por las personas o los desechos, y esta necesidad hace que algunos grupos impongan su hegemonía y generen la emigración de otros.

El biólogo Wilson García Martínez comenta que Unimagdalena tiene espacios variados y conservados que la constituyen como un ecosistema indispensable para la región, como el bosque seco, los pastizales, el lago y la granja. Por tanto, el estudio resulta propicio para el conocimiento del comportamiento de las especies en el territorio. “Creemos que esta investigación que estamos desarrollando en la Universidad del Magdalena es pertinente para conocer el estado poblacional de las aves de bosque seco y también nos ilustra sobre el impacto de nosotros los humanos en este tipo de ecosistemas”, puntualizó.

Por su parte, el estudiante Sergio Mendivil Rivas resaltó las bondades de los ecosistemas del campus: “Es una importante zona para la reducción del dióxido de carbono y acoge un gran número de aves provenientes de otros lugares del mundo, que llegan a nutrirse, a procrear y a usarlo de lugar de paso para mantener su energía y luego seguir con su migración”.

A partir del trabajo de campo que pretende ser concluido en junio del presente año, se ha ratificado que el área natural de la Universidad, especialmente el Bosque Seco, cumple un papel indispensable en el territorio y, a su vez, el desarrollo de la actividad científica proporcionará conocimientos valiosos para la conservación de este epicentro de vida de la región.