“Si la propuesta del pueblo gana en Ecuador y Perú volveremos al proyecto integracionista de la patria grande de Chávez, Néstor Kirchner, Lula y Correa ya que renacerá Unasur y se fortalecerá CELAC y con Runasur, que integrará a los pueblos, surgirá la América Plurinacional”. Ni uno ni otro, ni tampoco Bolivia.

El vaticinio de Evo Morales no solo no se cumplió, sino que la derrota electoral se extendió a su propio país con las elecciones a gobernador.

Al Grupo de Puebla (GP) y a sus líderes les ha costado digerir la estrepitosa derrota electoral sufrida en los tres países andinos. Especialmente en Ecuador, donde daban por hecho que todos ellos volverían a reunirse en mayo en el Palacio de Carondelet, con la posible participación de Nicolás Maduro, su principal aliado, del que son defensores a ultranza.

Una derrota a regañadientes, como quedó en evidencia el domingo cuando el GP, con Rafael Correa a la cabeza, amagó con cantar un fraude inexistente: “Nuestra misión de observación electoral manifiesta su preocupación ante noticias relacionadas con sondeos a boca de urna que se harían públicos a partir del cierre de la jornada electoral y que podrían distorsionar la información sobre los resultados oficiales”.

El grupo de dirigentes izquierdistas, populistas y revolucionarios olvidó que el correísmo también había encargado su propia exit poll, que reflejó un empate técnico entre Lasso y Arauz. Pero uno de sus enviados a Quito, el exjuez español Baltasar Garzón, incluso puso en duda, un soplido de las primeras denuncias del expresidente Rafael Correa, tanto las condiciones del escrutinio como la publicación de las encuestas.

El derechista Guillermo Lasso, nuevo presidente electo de Ecuador, anoche luego de anunciar su victoria en su sede de campaña en Guayaquil (Angel Dejesus/)

Finalmente, a mitad de la tarde de ayer, dieron su brazo a torcer al calificar como “extraordinario trabajo” el realizado por el delfín correísta y su equipo de campaña, culpables en buena parte de la histórica remontada del conservador Guillermo Lasso.

En Perú tampoco les fue nada bien. Verónika Mendoza, ungida candidata con la aprobación de los dirigentes del grupo que acudieron en noviembre a la minicumbre en La Paz con motivo de la entronización de Luis Arce, ocupa el sexto puesto en el escrutinio presidencial, por debajo del 8%, pese a ser una de las grandes favoritas para pasar al ballottage de junio.

Tanto el presidente Alberto Fernández como el entonces vicepresidente del gobierno español, Pablo Iglesias, ungieron a Mendoza y a Arauz como sus candidatos. Ambos dirigentes aprovecharon aquella reunión para presentar un manifiesto en el que acusaban a la ultraderecha de los males del continente.

La esperanza de la izquierda latinoamericana ahora estaría puesta en 2022, con el posible regreso de Lula da Silva a la presidencia de Brasil (Miguel Schincariol/)

En Bolivia, los candidatos del Movimiento Al Socialismo (MAS) para las gobernaciones de La Paz, Chuquisaca, Pando y Tarija cayeron sin contemplaciones ante sus rivales, lo que ha provocado el llamado a una reunión de emergencia. “¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Qué hay que hacer? Esa es una responsabilidad”, se cuestionó Evo Morales. El oficialismo sólo ha conquistado tres de las nueve gobernaciones en juego.

Un pésimo domingo electoral cuando el propio Morales se las prometía tan felices. Tras retomar el poder en Bolivia, los dirigentes del GP y los gobiernos revolucionarios de Caracas y La Habana habían marcado en rojo las presidenciales de Ecuador. Sin disimulo, llamaron a la reconquista de la patria grande pasando primero por el Palacio de Carondelet, para seguir a continuación, victoria a victoria, el rally electoral de 2021: Perú, Nicaragua, Haití, Honduras y Chile.

Para 2022 se reservaban al menos dos perlas de la Corona: Brasil, con el posible regreso de Lula da Silva, y Colombia con su favorito, Gustavo Petro.

Con menos amigos en el continente cuenta el gobierno de Nicolás Maduro, quien transa la venta de petróleo y oro de las reservas nacionales a cambio de respaldo hacia su administración

“Si tuviéramos que fijarnos en algo concreto tras la jornada latinoamericana del domingo destaco la recuperación del valor de la elección como la única forma medible de la voluntad popular. También demuestra la volatilidad en las preferencias electorales de la región y la diversidad de posturas ideológicas en pugna. Las tendencias nacionales, las coyunturas del Covid y las alianzas ideológicas regionales confluyen en los resultados y desenlaces de estas elecciones”, concluye el historiador Armando Chaguaceda, experto en revoluciones.

“Definitivamente también marca una pérdida para el chavismo. Pero Venezuela depende más de sus aliados fuera del hemisferio que de los pocos que les quedan en las Américas”, reseña el analista John Polga-Hecimovich.

En Caracas, el oficialismo se mantuvo en silencio ante la derrota, pero Juan Guaidó, presidente encargado, celebró por todo lo alto: “Contamos con su apoyo a la lucha venezolana. Es vital la unión de quienes queremos libertad y democracia para la región, amenazada por dictaduras como la de Maduro”.

La respuesta de Lasso, quien incluso ha adelantado que invitará a Guaidó a su toma de posesión y que también ha prometido aliviar la crisis humanitaria, fue concluyente: “Hoy es un gran día para libertad en toda la región”.

Sin duda, un revés para el chavismo cuando esperaban aumentar sus apoyos. “A Maduro le interesa todo el respaldo que pueda obtener porque es una forma de conseguir legitimidad por una vía no electoral. Además así reduce la presión regional y, por ende, los apoyos a la oposición democrática de Venezuela”, sentencia María Puerta Riera, experta en política internacional y gobierno de Estados Unidos en Florida.

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