Con retraso en las vacunas, tráfico de influencias para llegar a ellas, al borde del caos sanitario, con reforma tributaria en estudio, e inminentes y multitudinarias marchas-protesta, pero con Copa AMÉRICA.

Torneo forzado, contra viento y marea, con beneficios reducidos para el país, sin la presencia de las figuras y sin público en los estadios, pero con los efectos curativos para el pueblo fatigado por la pandemia.

Qué alivio, porque la redonda tiene su encanto. Saca del hincha una sonrisa.

Pan y circo.

De no comparecer las estrellas, con prioridad en el torneo eliminatorio al mundial y su descanso de fin de temporada, lo oportuno será ver el crecimiento de los valores emergentes de la liga local.

Tendrán un gigante reto las autoridades, con una marcación estricta a los contagios, para evitar desastres.

Oponerse a la copa como torneo, bajo cualquier pretexto, sería equivalente a negar el derecho a la programación del fútbol local, el que, pese a indisciplinas aisladas, continúa su marcha.

Pero, argumentar que la copa debe hacerse para no perder un torneo continental, como alguna vez se renunció a un mundial, es un desfase.

Nada que ver lo uno con lo otro, porque en aquella lejana época no existía la evidencia de factores externos, incontrolables, como el virus que ataca, en la actualidad, sin discriminación.

Copa América saltando matones, llena de obstáculos, como oxígeno para un espectáculo que a veces, por falta de futbolistas prominentes, muere de tedio.

Existe la tendencia a pensar que las miserias se ocultan mientras rueda la pelota, pero regresan recrudecidas, cuando esta termina su viaje.

Comprometidos a realizarla, presentemos la mejor versión posible. De eso se trata.

Por Esteban Jaramillo Osorio