Y el Óscar a mejor documental es para… la joyita de Netflix, Lo que el pulpo me enseñó.

En plena era de la información inmediata y las soluciones a golpe de clic, estamos acostumbrados a que en momentos de crisis existencial podemos encontrar una gran variedad de respuestas. Desde la terapia psicológica, los recomendaciones farmacológicas de un especialista, el mindfulness, los apps de meditación y hasta perfiles de Instagram repletos de frases inspiradoras. A la hora de buscar ayuda, hoy en día contamos con una infinidad de soluciones a nuestro alcance según las necesidades de cada uno.

Sin embargo, este orcarizado documental nos recuerda que esas lecciones vitales pueden estar en algo tan maravilloso como la naturaleza que nos rodea. Lo que el pulpo me enseñó es una pieza cinematográfica extraordinaria sobre el aprendizaje emocional de un hombre en crisis a través de un molusco.

Lo que el pulpo me enseñó es un documental original de Netflix que se estrenó en la plataforma a mediados de septiembre. Y si bien fue un éxito viral en países como EE.UU. y Australia, en el caso de España recuerdo que tuvo repercusión durante sus primeros días en la plataforma, pero no perduró tanto como lo hacen los fenómenos habituales del servicio streaming. Por lo tanto, y teniendo en cuenta que estamos ante uno de los documentales más recomendables del último año pandémico y que acaba de ganar el Óscar (y bien merecido que lo tiene), es hora de recomendarlo más que nunca.

Porque no se trata de un mero documental sobre animales y naturaleza bajo el mar. Es mucho más que eso. Estamos ante una pieza cinematográfica que sirve de ancla emocional para el año tan difícil que hemos vivido, remontándonos a ese universo primario que nos rodea donde los animales pueden convertirse en nuestros mejores maestros de vida.

Lo que el pulpo me enseñó tiene a dos protagonistas, el cinematógrafo y director Craig Foster y un pulpo que habita en un denso bosque de algas al sur de Sudáfrica, y relata la inesperada conexión que surge entre ambos cuando el cineasta pasaba una época difícil en su vida. Había perdido las ganas de seguir adelante, no sentía motivación y sufría una desconexión vital con él mismo, su familia y el mundo que le rodeaba. En busca de soluciones decidió recurrir al buceo libre en un bosque de algas marinas cercano a su casa, sumergiéndose en las frías aguas del océano cada día (con temperaturas que llegaban a los 7 grados) y a lo largo de una década.

Tras varios años buceando en el mismo sitio se fue convirtiendo en un personaje más de ese universo marino, conociendo cada uno de sus rincones hasta que un pulpo actuando de forma extraña despertó su curiosidad.

Con la ayuda de una cámara , Foster decidió seguir los pasos del molusco a lo largo de la corta vida que suelen vivir, observando sus métodos de supervivencia, de caza y camuflaje ante los tiburones que acechaban a diario. Y en el proceso, el pulpo protagonista logra revolucionar todas las nociones que creeríamos conocer de su especie. Foster nos descubre a un animal de inteligencia superior, capaz de evadir depredadores, de jugar con peces y formar una conexión forjada en la confianza. Lecciones que el cinematógrafo fue aplicando a su propia vida, poco a poco y casi sin darse cuenta.

Con la ayuda de la directora Pippa Ehrlich, que lo acompaña con la cámara en sus sesiones de buceo, Craig pasa de ser un observador de la naturaleza marina a convertirse en una figura más en el universo de este pulpo que, a base de paciencia y perseverancia, responde a su cercanía reconociendo su presencia, acercándose y arrimando sus tentáculos en forma de caricias.

A lo largo del documental, Foster documenta su propia transformación emocional a raíz de todas las lecciones que va aprendiendo de su pulpo amigo. Como la confianza y entrega, la supervivencia y el sacrificio pero, sobre todo, la humildad y compasión que existe en la naturaleza salvaje.

De esta manera, el pulpo se convierte en su maestro de vida con lecciones que lo ayudan a volver a aferrarse a su existencia, a reconocer lo que verdaderamente importa, a reconectar con su hijo y redescubrir los valores esenciales de la vida misma. Y ser testigos de ese proceso es realmente extraordinario.

Lo que el pulpo me enseñó es un documental difícil de recomendar con palabras porque su magia radica en la experiencia emocional que provoca. Estuvieron más de un año filmándolo y otros tres editándolo, dejándonos una pieza documental maravillosa sobre las relaciones humanas, con el medio ambiente y la inteligencia emocional de los animales que conviven con nosotros en el planeta. Y, sobre todo, sirve de lección en plena pandemia. Nos recuerda que todo esto pasará, que estar conectados con nosotros mismos es primordial y que debemos estar atentos. A veces la vida nos sorprende y la próxima lección de vida podría venir de un pulpo. O de un documental ganador del Óscar.

Yahoo Noticias Por Valeria Martínez Cine54 Foto internet agencia