Volver a las alianzas tradicionales de Estados Unidos es el mantra que está guiando la política exterior del presidente, Joe Biden, quien en sus primeros cien días en la Casa Blanca ha revitalizado la relación con la Unión Europea (UE), Japón y Corea del Sur para hacer frente a China, su mayor desafío.

La marca de los cien primeros días comenzó a usarse para medir el éxito de un presidente en la época de Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), al que Biden considera un referente político.

En este periodo los mandatarios estadounidenses suelen centrarse en iniciativas domésticas con potencial para transformar la nación y no en medidas de política exterior, pero Biden ha asumido la misión de restablecer la imagen internacional de Washington, tras los cuatro tumultuosos años de su antecesor, Donald Trump.

La visión del mundo de Biden está influenciada por quién es: nació en 1942, es decir, es hijo de una época en la que EE.UU. era el héroe de la Segunda Guerra Mundial, y creció en la década de los 50, cuando Washington se adjudicó el papel de guía de Occidente frente a la Unión Soviética.

Por eso, cree que el país debe asumir una posición de liderazgo, pero al mismo tiempo reconoce que debe mejorar sus condiciones internas antes de dar lecciones a otras naciones, explicó a Efe el analista James Traub, periodista desde hace tres décadas y que ha conversado en numerosas ocasiones con Biden.

La idea contrasta con la fórmula de “liderar desde atrás” que se asoció al expresidente Barack Obama (2009-2017) y con el movimiento “neocón” que jaleó las intervenciones en Irak y Afganistán de George W. Bush (2001-2009).

“Liderar con otros significa que ahora EE.UU. actúa como un socio más, pero sigue siendo quien impulsa las iniciativas”, explicó Traub.

EL PULSO CON CHINA

Un ejemplo de esa estrategia son las sanciones que en marzo la UE impuso a China por primera vez desde la masacre en Tiananmen (4 de junio de 1989), en represalia por los presuntos abusos de derechos humanos contra la población uigur, un gesto al que se sumaron posteriormente EE.UU., Canadá y el Reino Unido con sus propias medidas restrictivas.

Esa coordinación supuso un fuerte golpe para Pekín, que respondió con más sanciones al bloque comunitario y al Reino Unido.

Para Traub, China ha emergido como el mayor reto para Biden no solo por la amenaza que supone para Washington en el pulso por la supremacía mundial, sino también por los efectos en sus alianzas.

Frente a ello, Biden ha resucitado una entidad creada en 2007 y llamada “quad” para articular con los líderes de la India, Japón y Australia un frente común frente a China.

Y, además, ha querido dejar claro su apoyo a Japón y Corea del Sur al convertir al primer ministro nipón, Yoshihide Suga, y al presidente surcoreano, Moon Jae-in, en sus primeros huéspedes en la Casa Blanca.

RUSIA, IRÁN, EL YEMEN Y AFGANISTÁN

Aparte de China, Biden se enfrenta a otros muchos retos, como las políticas autoritarias de su homólogo ruso, Vladímir Putin; el regreso al acuerdo nuclear con Irán del que Trump se salió en 2018; y la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán antes de septiembre de este año, en el vigésimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre, entre otros.

En opinión de John Hannah, analista conservador que fue asesor del vicepresidente Dick Cheney (2001-2009), Biden podría tener que hacer frente a “dos desastres” en lo que le queda de mandato.

Uno sería el regreso de los talibanes al poder en Afganistán, y el otro una ofensiva de los rebeldes hutíes del Yemen para acabar controlando todo el país.

Esas amenazas son solo hipotéticas, pero en un artículo en la revista Foreing Policy Hannah recuerda que muchas veces los presidentes no eligen los conflictos a los que se enfrentan, por lo que recomienda a Biden estar atento.

Otro de los grandes retos podría ser la relación con Turquía, aliado clave de la OTAN y al que Biden ha irritado al describir como “genocidio” la matanza de 1,5 millones de armenios por el Imperio Otomano a partir de 1915.

LATINOAMÉRICA, EN UN SEGUNDO PLANO

Por último, la relación con Latinoamérica ha pasado a un segundo plano, lo que no es necesariamente negativo.

Podría, incluso, resultar hasta “beneficioso” para el continente, donde Washington tiene un historial de intervenciones controvertidas, dijo a Efe Erick Langer, profesor de Historia de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de Georgetown.

“Cuando EE.UU. tiene que preocuparse por América Latina quiere decir que hay problemas muy grandes. No siempre sus políticas van a favor de los latinoamericanos, porque a fin de cuentas EE.UU. actúa para defender sus intereses”, señaló Langer.

El único asunto urgente que ha requerido la atención de Biden ha sido la migración de Centroamérica, pero con el resto de países, incluidos Cuba y Venezuela, parece interesado en mantener el “statu quo”.

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