Desde hace 29 años, sin inmutarse, a un lado de una cruz de palo, frente a una cámara, con el mismo peinado, y la misma seriedad tiene 58 segundos para hablar del Evangelio o de la Fiesta religiosa del día a través de los canales de televisión de Colombia.

Comenta también sobre sus diversas actividades, sus planes, sus proyectos y anima a sus seguidores a ser bondadosos, caritativos y responsables. Tiene una frase que ya se aprendieron los televidentes: “Dios mío, en tus manos colocamos el día que ya pasó y la noche que llega”.

Es “El minuto de Dios”, el programa de mayor permanencia en la televisión colombiana. Asumió ese cargo luego de fallecer el fundador, el padre Rafael García Herreros.

Gracias a ese “minuto” el Padre Diego Jaramillo ha impulsado millares de obras sociales que van desde la venta de ropa usada, construcción de viviendas y la creación de una importante universidad con sedes en diferentes ciudades del país y con el mayor número de alumnos.

El padre Diego Jaramillo Cuartas nació en Yarumal, en Antioquia, en 1932, en la tierra del beato Marianito. En 1958, fue ordenado sacerdote en el seno de la Congregación de Jesús y María, conocida como la de Los Eudistas, de la cual es miembro y actualmente es el presidente de la organización El Minuto de Dios.
Es licenciado en Teología, de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y licenciado en Teología Pastoral, del Instituto Católico de París. Siendo estudiante de bachillerato, en el Seminario de Santa Rosa de Osos, el padre Diego había leído los cuentos del padre Rafael García Herreros. Lo conoció personalmente en Usaquén, al norte de Bogotá, en el Seminario de Valmaría a comienzos de los años 50 y desde 1955 se vinculó a su obra, ayudándole a construir las primeras casas para erradicar tugurios.

En 1967 el padre Rafael lo vinculó a la Junta Directiva de la Corporación Minuto de Dios, en 1970 lo nombró subdirector de la entidad y poco después le confió la dirección del Programa de Mejoramiento de Vivienda – Promevi. Por eso, al fallecer el padre García Herreros en noviembre de 1992, la Junta Directiva de El Minuto de Dios nombró al padre Diego Jaramillo como presidente de la Organización.

UN HOMBRE TRABAJADOR

En el barrio “Minuto de Dios”, en la calle 80 de Bogotá, el padre Jaramillo asiste a decenas de reuniones. Es un hombre incansable. Tiene una memoria de una enciclopedia de 89 tomos. Dialoga con los estudiantes, los líderes cívicos, los profesores y los ciudadanos que transitan por el lugar.

A mediados de los años 80, el padre Jaramillo creó el Centro Carismático Minuto de Dios con librerías, emisoras, escuelas de evangelización y casa de retiros, Lumen 2000 Colombia, una productora de televisión y la Corporación de Salud El Minuto de Dios. Al lado del padre García Herreros, el padre Diego contribuyó a la creación de Fundases y de la Corporación Universitaria Minuto de Dios.

Formador-evangelizador en la Comunidad Eudista, el padre Jaramillo a lo largo de su vida no ha dejado de ejercer el carisma eudista de la formación de buenos obreros del Evangelio.

Además de sus múltiples ocupaciones profesionales, entre sus actividades permanentes están la dirección espiritual, la confesión, el acompañamiento vocacional a seminaristas y el acompañamiento fraterno y pastoral a sacerdotes.

Predicador y escritor. Ha sido, además, uno de los principales líderes y formadores en la Renovación Carismática de la Iglesia Católica.
Ha publicado más de cien libros de espiritualidad y formación cristiana y una buena colección de libros biográficos eudistas, todos de su autoría. Adicionalmente, compiló y está publicando las obras completas del padre Rafael García Herreros, de las cuales han visto la luz 30 volúmenes.

Como presidente de la organización El Minuto de Dios, el padre Jaramillo Cuartas ha contribuido, con su liderazgo y visión, al crecimiento y la expansión de esta obra en todos los campos.

Este 19 de mayo llega a sus 89 años, tiempo en el cual sólo ha tenido una consigna: hacer el bien y a fe que le dan los empleados, alumnos y miles de ciudadanos que se han beneficiado de sus programas de vivienda, ahorro, educación, profesionalización o bendiciones a la hora de la confesión.

Es un colombiano ejemplar. Digno de miles de reconocimientos como se le han hecho, pero que marca un sello imborrable en la historia de la gente buena de nuestra patria linda y querida.

Por Guillermo Romero Salamanca