LA INTERVENCIÓN DE LA OPEP. El día 1 de junio la OPEP+ (la OPEP + 10 productores aliados, encabezados por Rusia) se dieron cita virtual, con el fin de trazar su hoja de ruta tendiente a “normalizar” el mercado de crudos.

Con tal propósito tomó la determinación de continuar con el desescalamiento de los recortes a la producción y a la oferta de crudo en el mercado, el cual empezó a darse con el advenimiento de la pandemia y la recesión económica que se precipitó a raíz de las medidas de prevención, contención y mitigación que tuvieron que tomar los gobiernos para paliar sus efectos, los cuales, lógicamente, se tradujeron en una contracción del mercado del crudo[1].

Se dispuso, entonces, “teniendo en cuenta los fundamentos del mercado observados”[2], continuar con la incorporación de 841.000 barriles/día adicionales a la oferta a partir del próximo mes, con la expectativa de nivelar y mantener estable la producción hasta abril del año entrante, honrando el acuerdo alcanzado hace un año en el seno de la OPEP+, sin perjuicio de revisar y reconsiderar dicha decisión si las circunstancias lo ameritan. En otras ocasiones una de las causas de las alzas y bajas en la cotización del crudo ha sido la intervención, en uno u otro sentido, de la OPEP+, pero esta vez ha sido al contrario, su intervención ha sido un efecto del comportamiento de los fundamentales del mercado y sencillamente se están ajustando y acoplando al curso que siguen ellos.

En mi concepto, esta decisión va en la dirección correcta, habida cuenta que la demanda de crudo ha venido incrementándose a medida que avanza el plan de vacunación a nivel global y se ven ya los primeros retoños, verdes aún, de la reactivación de la economía mundial. China, que es el mayor importador de crudo actualmente, registró un crecimiento del PIB en el primer trimestre de este año del 18.3% y los EEUU del 6.4%, empujando al alza los precios, registrándose cotizaciones de US $68.23  y US $70.83 el barril de la variedad WTI y de la variedad Brent, respectivamente, el día 2 de los corrientes. Este nivel de precios no lo veíamos desde mayo de 2019. En lo corrido de este año los precios WTI y Brent han experimentado alzas del 40% y 42%, respectivamente, con relación al año anterior.

Según la previsión de la OPEP+, al finalizar el año 2021 se estarán consumiendo alrededor de los 99 millones de barriles al día, nivel este similar a la prepandemia. De allí que ni siquiera se inmutan los países integrantes de la OPEP+ con una eventual reanudación del bombeo por parte de Irán, de darse el levantamiento de las sanciones que le fueron impuestas. Como elemento positivo de esta reunión queremos destacar el hecho que la OPEP+ es consciente que, de mantenerse el drástico recorte de la producción de petróleo que traían en 2019, se podría malograr la reactivación y estarían disparándose un tiro en el pie, porque ello repercutiría en una nueva contracción de la demanda con todas sus consecuencias.

EL EFECTO REBOTE

Ahora bien, de la misma manera que al ralentizarse el crecimiento de la economía el año anterior, que terminó en una gran recesión, a consecuencia de las medidas que se tomaron por parte de los gobiernos para contener la pandemia del COVID, se contrajo la demanda y se desplomaron los precios del crudo, era previsible que, a medida que la economía se recuperara y aumentara la demanda por crudo los precios tenderían al alza y es lo que viene dándose en este preciso momento. Estamos en presencia de un efecto rebote en los precios del petróleo. En ello está influyendo también el avance de la masificación de la vacuna y la consiguiente inmunización, que está permitiendo la reapertura de muchas actividades que estaban clausuradas o a media marcha.

Todos los commodities, entre ellos también el carbón y el café, que sumados al petróleo representan el 60% de nuestras exportaciones, están registrando aumentos en sus precios por las mismas razones. Es así como el carbón térmico de referencia Puerto Bolívar, después de haber alcanzado cotizaciones que bordearon los US $35 la tonelada, el 2 de junio se trepó hasta  los US $81.5 la tonelada. Y el café no se quedó atrás, el 1º de junio se cotizó a US $2.11 la libra, precio este que no se veía desde mayo de 2014.

A mi juicio, este repunte de los precios del crudo es sólo coyuntural, pues a mediano y a largo plazo los precios tenderán a estabilizarse, con tendencia a la baja y así lo prevé la Agencia Internacional de Energía (AIE) debido a las acciones que están tomando los países, especialmente los mayores consumidores, de reducir  el consumo de crudo y de sus derivados, en cumplimiento del Acuerdo de París, que entraña un compromiso de descarbonización de la economía. Lo acaba de anunciar sin ambages la AIE, “al márgen de los proyectos ya aprobados en 2021, nuestra previsión no contempla ningún nuevo sitio petrolero o de gas  con fines de desarrollo[3] y pide “renunciar desde ya a la industria petrolera[4].

PERDEDORES Y GANADORES

Obviamente, los países importadores tanto de crudos como de destilados, se están viendo afectados por esta espiral alcista de los precios, los cuales afectarán los costos de producción y la competitividad de las empresas, al tiempo que ejercerá una gran presión inflacionaria, que no ayuda en las actuales circunstancias en las cuales la pandemia persiste y la recuperación de la economía es demasiado lenta, lo cual ha venido afectando el empleo y el ingreso.

Si los países importadores son perdedores, porque les tocará pagar precios más altos del crudo,  los países exportadores, como Colombia, en cambio, son los ganadores, siempre y cuando puedan reaccionar a la actual coyuntura y aprovechar el boom. En el caso de Colombia, desafortunadamente, hemos pasado de producir en promedio más de 885.850 barriles/día en 2019 a 781.300 barriles/día en 2020  y en abril de este año la producción se redujo hasta 745.488 barriles /día, lo que representa una disminución del 6.3% comparado con el mismo mes del año anterior. Peor aún, en mayo la producción bajó aún más, hasta situarse en los 732.120 barriles/día, la más baja desde noviembre de 2009, en momentos en los que el mundo apenas estaba recuperándose de la crisis hipotecaria de 2008.

Así las cosas, los mayores ingresos que se espera recibir por mayores precios, dado que la previsión del Ministerio de Hacienda plasmada en su Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) es de un precio promedio para este año de US $50.2 el barril[5], casi US $20 por debajo del tope al que ha llegado, se están viendo menguados por los menores volúmenes de producción y exportación. Definitivamente, no hay dicha completa!

LA DECLINACIÓN DE LAS RESERVAS

Huelga decir que este aumento en los precios del crudo presionara al alza y arrastrará consigo hacia arriba los precios de los combustibles en el país. Desde luego el movimiento de los precios incide también en los volúmenes de las reservas probadas con las que cuenta el país, dado que las mismas están en función de los precios a los cuales se transa el crudo en los mercados internacionales, de tal modo que cuando los precios suben se recalculan las reservas incrementándolas y viceversa, cuando los precios bajan hay que hacer lo propio, reduciéndolas. De modo que, de no ser por el repunte de los precios la precariedad de nuestras reservas probadas de crudo serían aún mayor. Según el anuncio del Ministro de Minas y Energía Diego Mesa, en cuanto a las reservas remanentes de petróleo a diciembre 31 de 2020 (1.816 millones de barriles) nos alcanzarán para los mismos 6.3 años, igual que los 2.041 millones que se reportaron en su momento al cierre de 2019[6]. Pero, como lo advierte Nicolás Arboleda, asociado de Asociado de Energía, Minería e Infraestructura de Baker Mckenzie, ello “se debió principalmente a una menor demanda causada por la pandemia y no por un aumento en los remanentes[7]. Resulta de Perogrullo que si la rata de extracción de crudo del yacimiento es menor las reservas remanentes y el coeficiente reservas/ producción (R/P) serán mayores!

RESERVAS DE PETRÓLEO Y GAS NATURAL

Claro está que la caída de las reservas de gas natural ha sido más pronunciada que las de petróleo. Según la ANH las mismas disminuyeron en 2020 por tercer año consecutivo el 7%, pasando de 3.16 TPC en 2019 a 2.94 TPC el año anterior y de una relación R/P de 8.1 años se pasó a sólo 7.7 años. Y, como es bien sabido, merced a la declinación de los campos de La guajira y de los Llanos orientales, pasamos hace rato de un mercado de oferta a otro de demanda. De allí que coyunturalmente, sobre todo en condiciones de hidrología crítica, cuando hay que apelar a la generación térmica para garantizar el abastecimiento de energía, se ha tenido que recurrir a las importaciones de gas a través de la planta regasificadora de la Sociedad Portuaria El Cayao, ubicada en la Zona industrial de Mamonal (Cartagena).

Potísimas razones estas para mantener encendidas las alarmas, pues estamos advertidos de la escasez de crudo y gas y la única forma de espantar el fantasma de la importación de uno y otro es incorporándole más barriles a las reservas probadas de petróleo y más pies cúbicos a las de gas natural[8]. Ello conlleva mayores y mejores esfuerzos, así como mayores inversiones, requisito sine qua non para frenar la caída recurrente de dichas reservas. Lo que está en juego es la seguridad energética y la sostenibilidad fiscal del país[9]. Para luego es tarde!

Por Amylkar D. Acosta Medina

Miembro de Número de la ACCE

www.amylkaracosta.net

Cota, junio 3 de 2021

www.amylkaracostamedina.net

[1] Amylkar D. Acosta M. La amenaza del petrovirus. Marzo, 14 de 2020/ Para dónde van los precios del petróleo. Abril, 13 de 2020

[2] El Espectador. Junio, 2 de 2021

[3] Portafolio. Mayo, 18 de 2021

[4] Idem

[5] MHCP. Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP). Marzo de 2021

[6] Portafolio. Junio, 2 de 2021

[7] Idem

[8] Amylkar D. Acosta M. El fantasma de la importación. Mayo, 14 de 2019

[9] Amylkar D. Acosta M. A propósito de la seguridad energética. Mayo, 30 de 2020