Nuestra vida se caracteriza por ser poco predecible, muchos son los sueños y las ideas que nos planteamos, pero pocos son los que se concretan por falta de una adecuada organización.

En el ejercicio de planear y trazar objetivos para conseguir ese anhelado logro, nos centramos en la inteligencia intelectual; podemos detallar los pasos, el momento exacto para ejecutarlo y los recursos a utilizar, pero pocas veces tenemos en cuenta dos variables que marcan la diferencia; la inteligencia emocional y social.

La primera juega un papel importante en el control de mis propias emociones y la segunda abarca el amplio espectro de la interacción de esas emociones con el resto de personas. Cuando tenemos un plan a ejecutar debemos tener un control emocional desarrollado, porque cuando nos da mal genio, tristeza u otro sentimiento, el plan puede quedar relegado, olvidado o incluso renunciamos a él.

Así como las montañas rusas, que son las atracciones mecánicas de los parques de diversiones, que nos ofrecen adrenalina por las subidas, bajadas y giros aparentemente sin control, existen diferentes momentos en nuestra vida en los que nos sentimos que vamos de subida, con mucha energía y otros vamos de bajada, que nos quitan el aliento.

Cuando nos subimos al vagón o carrito de la montaña rusa vamos experimentando muchas emociones, generalmente este tipo de atracciones inician con una subida lenta, que se prolonga hasta llegar a la cima, así nos sentimos unos días, vamos de subida, estamos llenos de energía y sentimos que lo podemos hacer todo.

Justo en el punto máximo viene la bajada, que nos deja pálidos del susto y en comparación con el diario vivir, podemos pensar en esos días que consideramos grises, nos sentimos sin energía. Lo anterior pasa de forma frecuente, se vuelve rutinario estar así; unos días felices y animados, y otros aburridos o desmotivados. Repetimos el ciclo, una y otra vez, haciendo que la vida en cierta medida sea monótona, vivimos en un vaivén de emociones que no sabemos cómo manejar.

Muchos de nuestros planes al futuro quedan estancados, por que un día nos sentimos mal, dejamos literalmente todo botado, luego recurrimos a decir que no somos capaces o lo suficientemente inteligentes para lograrlo nos justificamos diciendo frases como: “nada en la vida es completo” o “falta un centavo para el peso”.  Usualmente este tipo de frases en cierta medida nos reconfortan y de alguna forma nos hacen sentir un poco mejor, nos dan moral, pero están muy lejos de ser la solución verdadera y definitiva.

Creemos que la vida es de todo o nada, blanco o negro, pero para sorpresa de todos, hay otros colores, la vida incluye eso que consideramos bueno o malo, subidas y bajadas. Entonces, esa ausencia del centavo para el peso es irreal, lo que es real es la falta de búsqueda del centavo en los diferentes bolsillos de la vida, no buscamos con suficiente ahínco. Nuestra vida ya está completa, solo necesitamos abrir los ojos un poco más, y agradecer por lo bueno que tengo y ver en lo supuesto malo, lo que necesito aprender para ser mejor cada día, éste es uno de los secretos de un gran vivir.

Para lograr eso, debemos en primer lugar entender que los procesos, en especial los relacionados con los estados de ánimo son cambiantes, son dinámicos y están asociados a la forma en la cual interpretamos la realidad, lo hacemos a partir de nuestras creencias. A medida que transcurre la vida; crecemos y aprendemos, lo que antes nos molestaba o generaba cualquier otra emoción o sentimiento, ahora puede ser diferente, como ejemplo: “del odio al amor solo hay un paso”

Todos estamos en la montaña rusa de la vida, vamos en nuestros propios vagones y en diferentes momentos de la vida, los compañeros en esta aventura podrán ser diferentes.

Es importante hacer hincapié en el hecho que el manejo de las emociones y la motivación no tiene un crecimiento en línea recta, tiene sus picos y sus bajadas, por eso nos sentimos unos días un poco mejor que otros, evitemos vivir en un círculo repitiendo problemas, es momento de aprender y seguir con una nueva experiencia, que realmente nos permita mejorar, y lograr esa motivación que perdure en el tiempo, cada quien trabaja a su ritmo, lo importante es realizar el trabajo diario en pro de ese cambio, es ahora cuando dejamos atrás la frase:  “así soy yo y punto” y la cambiamos por “yo soy capaz de cambiar por mí y para mí”.

Creer que la motivación permanente depende de otros o de factores externos, es un error, realmente depende de cómo procesamos eso que nos ocurre, y las respuestas que damos a esas circunstancias externas se dan según un programa mental, sobre el cual podemos trabajar y mejorar. Los días malos o buenos solo existen en nuestras mentes, la realidad es que simplemente son días, que nos ofrecen la oportunidad de vivir más, de crecer hasta lograr descifrarlos y obtener sabiduría de ellos.

Así que vivamos y disfrutemos de esa montaña rusa que llamamos vida, con las subidas, bajadas, giros, aceleraciones y momentos lentos, todo hace parte de la aventura, no puedo escoger que vivir, todo en conjunto es la experiencia de estar con vida. Al final siempre llegaremos a nuestra meta. 

Por Diego García MD CEO EPYSTEMY