Siempre he sido un estudioso de la historia, máxime en tratándose del gran pueblo llanero, que amo y respeto.

Desde muy niño, escuché la voz de la inolvidable Adilia Castillo, el arpa magistral y las canciones de Juan Vicente Torrealba, en discos que mi tía Judith Vanegas, traía en las navidades desde Floridablanca. Me fascinaba, no sólo la voz, sino ese bello instrumento que acompañaba esa bella música: el arpa.

Cuando compuse mi primera canción llanera, “Vivo tu recuerdo”, busqué al maestro David Parales -a quien no conocía- para escuchar su concepto. Me acompañó mi primo Humberto Ferreira. Cuando llegamos a su casa, Parales no estaba, pero su esposa Martha, nos invitó muy amablemente a esperarlo. Yo creía que el maestro era un viejito -por la fama que lo precedía- pero, cuando llegó, me sorprendió verlo tan joven y amable. Escuchó mi canción, le gustó, y nos demoramos dos días montándola, pues el ensayo se convirtió en parrando.

Allí nació mi entrañable amistad con el “Rey del Arpa” David Parales, quien me presentó al “Cholo” Valderrama, Aries Vigoth, Alfonso Niño, Isaac Tacha, Diego Mosquera, y otros grandes de la música llanera. René Devia me grabó “Mujer llanera”, y Miryam González “Vivo tu recuerdo” y “La huella de tu amor” pasajes, para la CBS. Aparte de ello, colaboré como productor en los primeros discos de Aries Vigoth, Ernesto Andrea y Ramón Cedeño, siendo el primer productor de Aldrumas Monroy con su obra “Buenos días pueblo de Yopal”, que grabáramos en los estudios de Isaías Cuervo. Con Parales, produje el disco “Arpa rumbera”, para el sello Discos Fans, que teníamos con mi primo.

A mucho orgullo, fui finalista del Festival de la canción colombiana, ganando el Centauro de Oro, como mejor canción llanera, en 1979. (Ocupé tres veces el segundo puesto). Siempre nos encontrábamos los mismos compositores en las finales). Allí conocí a Jairo Solano y a Gil Arialdo Rey -a su hermano Luis Ariel Rey, me lo había presentado Billy Pontoni,  haciéndonos muy buenos amigos- y a Manuel J. Larroche.

Por otra parte, ingresé años después a formar parte del Consejo Directivo de Sayco, en las presidencias de Jorge Villamil. Como secretario de relaciones públicas y prensa, recorrimos el país y sus festivales folclóricos. En el Consejo Directivo compartí con Héctor Paúl Vanegas, y conocí a Miguel Àngel Martín, quien realizaba gestiones en San Martín para conseguir en comodato un terreno, en la sede del antiguo acueducto- para que fuera la sede vacacional de Sayco. Recuerdo con gratitud las gestiones del doctor Jesús María Suárez Letrado, Jairo Usme, Jesús y Fernando Diez, Pablo Cohecha y  el Consejo  Municipal, quienes aprobaron la actual  sede de Sayco en San Martín.

Haciendo la gestión, casi semanalmente, viajábamos con Villamil, Miguel Àngel y Paúl, a San Martín. Allí conocí a José Jesús Díez -ex alcalde- quien me presentó a Mario Villa, burgomaestre de San Martín, quien había escuchado el himno que le compuse a Cáqueza, y me invitó a hacer el proyecto del Himno de San Martín. Durante varios meses trabajé en el proyecto, para lo cual me reuní con varios insignes cuadrilleros de San Martín, así como folcloristas. Me fascina dialogar con los veteranos- no digo viejos- que son los que conocen la historia.

Le presenté la letra al alcalde, y la consulté con varios venerables e historiadores, para hacerle ajustes. Tuve la idea de combinar el ritmo marcial, con el golpe de joropo, para hacer la diferencia y generar un hálito de identidad. Finalmente, nos reunimos con el maestro Raúl Rosero, para que hiciera los arreglos orquestales, y le pedí a mi amigo, el excelente vocalista Pedro Neira, (mi intérprete en el Festival Viña del Mar”, para que cantara el himno. Grabamos con una gran orquesta y coros, en los estudios de William Constaín, y sus estudios de alta tecnología.

Le mostré el himno a Jorge Villamil, Miguel Àngel Martín y Héctor Paúl Vanegas -este último gran guía y mentor en mi carrera como compositor llanero- siendo altamente elogiado. El himno fue un regalo al pueblo sanmartinero, y fue aprobado como himno oficial, siendo estrenado con motivo de las fiestas patronales. Fue indescriptible lo que sentí, al escuchar el himno de San Martín, frente a las cuadrillas organizadas en la plaza, con sus monturas y usanza de moros, galanes, guahivos y cachañeros.

De eso hace ya casi cuarenta años.

No ha sido fácil para mí incursionar en el ámbito musical llanero, matizado por el regionalismo, y aquellos que consideran como “guates”, a quienes no hemos nacido entre las fronteras llaneras. ¡Por eso admiro cada día más a Arnulfo Briceño quien – sin ser llanero, y sin conocer el llano- compuso! ¡Ay mi llanura!, himno del Meta. Y a Orlando “el Cholo” Valderrama -quien nació en Sogamoso- pero que es el indiscutible “papaupa” de la canción llanera.

Como digo en mi canción, ganadora del Centauro de Oro de la Canción llanera: “Llanero soy, mi corazón es un volcán y es una flor, llevo en el arpa y en el alma mi canción”.

Además de mi triunfo en el Festival de la Canción Colombiana, he logrado ganar el Festival Internacional de la Canción llanera” en Campohermoso”, año 2000. Ocupé el tercer lugar con Ligia Esther Guilón como intérprete, en la modalidad pasaje inédito; el segundo lugar con “Un Parrando en el cielo” en mi voz; y el segundo lugar como golpe recio con la obra “Soy el juglar de mi pueblo”, en la voz de Rafael Murzi, en el Torneo Internacional del Joropo, 50 años en Villavicencio, a mucho honor. Seguiré cantando y componiendo música llanera, y conmoviéndome al escuchar una bandola, un arpa,  un cuatro, unas maracas,  o un furruco acompasando el joropo; o a los coleadores en la manga, rindiendo honor a la fiereza y la habilidad del llanero de pata al piso; viendo las parejas de baile acompasar el ritmo con su zapateado; y presenciando la lucha poética de los copleros, la voz recia o romántica de un cantador, interpretando con amor y sentimiento la música vernácula de los llanos inmortales.

Tengo corazón llanero y soy un guerrero de paz.

Por Óscar Javier Ferreira Vanegas