Este es un momento muy particular de la historia, tanto para la sociedad como para las organizaciones, porque nos enfrentamos a cambios en la manera en como afrontamos la vida, y los negocios. La gran responsabilidad suele ser achacada a la pandemia, pero lo cierto es que desde hace ya varios años se han acelerado importantes cambios en el comportamiento de la sociedad, las prácticas de consumo y los procesos propios de las empresas,  por cuenta de la tecnología.

El resultado ha sido, en general, positivo, porque las necesidades resultantes han promovido, como nunca, la innovación como factor de desarrollo en todas las industrias y las labores humanas.

Meses atrás, y con el fin de dar a conocer diversas miradas y reflexiones sobre este importante cambio en la forma de pensar y abordar la realidad desde empresas y organizaciones referentes, organizamos un evento en el que participaron varios expertos en el tema. En esta ocasión quiero resaltar algunos de los conceptos emitidos allí por cuanto los considero  valiosos frente al uso de la innovación como estrategia de crecimiento empresarial, enlazando estas reflexiones para responder a la pregunta sobre ¿cómo la Propiedad Intelectual contribuye al correcto desarrollo de este tipo de procesos?

Lo primero y más importante, es entender que podemos resumir dichos conceptos en tres categorías, dotando así de atributos y características el proceso innovador, estos son: agilidad, cultura y colaboración.

Con respecto al primero, el de la agilidad, Mónica Contreras, presidente de la Transportadora de Gas Internacional (TGI), afirmó que, “es muy importante que todas las organizaciones hagan los ajustes necesarios para que puedan tener la agilidad y la rapidez necesarias al momento de reaccionar en los diferentes momentos por los que pueden pasar”.

En un entorno cada vez más demandante y dinámico, la capacidad de adaptabilidad a nuevos modelos y contextos, incluso a aquellos que se caracterizan por ser disruptivos, es un atributo que las organizaciones deben interiorizar para fluir a la par con las demandas del ecosistema. En este sentido, la agilidad tanto en la definición y caracterización de retos como en el desarrollo de soluciones es un elemento fundamental que debe ser interiorizado en las organizaciones

Respecto al segundo concepto, el de la cultura, Fernando Ayala, director general de Indra para Colombia, aseguró durante su intervención en nuestro evento que la innovación es, hoy, la única ventaja competitiva con la que cuentan las empresas.

Pero atención, que innovar no es fácil: Fernando precisó que se requiere de valentía, perseverancia y humildad para hacer algo diferente y seguir adelante con el cambio a pesar de las circunstancias.

En sus propias palabras, “si logramos que la innovación forme parte de la cultura organizacional, empezaremos a ser diferentes en el mercado”. Definitivamente, América Latina cumple con los atributos y características anteriormente mencionados para no quedarse atrás en temas de innovación e, incluso, posicionarse como referente.

Al hablar del tercer concepto, el de la colaboración, Josemaría Siota, director ejecutivo del centro de emprendimiento e innovación del IESE Business School, manifestó que existen más de 460 iniciativas y cerca de 140 grandes corporaciones innovando mediante modelos de colaboración con startups, capitalización e inversión.

Eso da una gran esperanza de cara al objetivo de estructurar una económica sostenible donde la innovación trascienda la empresa, y se facilitan dinámicas de generación de productos y servicios con alto valor agregado a partir del trabajo mancomunado.

Sin embargo, dar esos pasos no es posible sin la Propiedad Intelectual (PI), ya que esta tiene un gran peso estratégico en lo que a innovación se refiere, y les permite a las organizaciones ser realmente competitivas en cualquier mercado que afronten.

Fernando Ayala dijo al respecto: “El registro de patentes convierte rápidamente una idea en un ingreso. Desarrollar empresas capaces de competir a gran escala está ligado a las políticas de Propiedad Intelectual y a su capacidad de crecimiento continuo mediante la innovación”.

En ClarkeModet estamos convencidos de que la innovación tiene un papel muy importante en el rocoso proceso que hay que afrontar para alcanzar la deseada recuperación del tejido empresarial.

Por eso, debemos apostarle a la generación de nuevas ideas, a una decidida inversión en innovación y, sobre todo, a la protección mediante la PI de todas esas invenciones que se gestan, con el fin de generar valor agregado y riqueza, tanto a las compañías como al país.

Este nuevo escenario es muy emocionante y de ahí que hayamos presentado hace casi un año, en 2020 y

con motivo de nuestros 25 años en Colombia, la campaña “Innovación para la reactivación”, que integra diferentes formatos de comunicación para promover una conversación digital en la que los protagonistas sean la innovación y las buenas ideas.

Esto nos obliga a integrar, con base en dicha iniciativa, a diferentes actores y empresas innovadoras que producen ideas y novedades, las cuales se materializarán en activos de PI, generando así hitos de transformación en diferentes escenarios.

En conclusión, necesitamos pensar distinto y adaptarnos a los cambios en el contexto. Y el cambio de paradigma nos puede dar la certeza de que la Propiedad Intelectual es un componente relevante de todo este esfuerzo que busca reflotar la economía desde las compañías y con alcance en la sociedad.

En últimas, hacer de la innovación el eje de la reactivación es directamente proporcional a la posibilidad de crecer, generar empleos, dinamizar la economía, aprender y articularnos. En pocas palabras, salir adelante como país. Y, en esto, la Propiedad Intelectual tiene mucho que aportar.

Por Julio Ochoa, Consultor en ClarkeModet