LOS ALQUIMISTAS DE LA CASA DE NARIÑO NOS VOLVIERON A MAMAR GALLO

Cero y fueron dos. Tampoco la APP del Canal del Dique logró ser adjudicada por el gobierno de Iván Duque. Por las razones que sean, el Ministerio de Transporte y la ANI deberían asumir con autocrítica su gestión, luego de que sus dos megaproyectos en la Costa se hundieron. Vergüenza les debería dar.

Cuando el río suena, piedras lleva. O valdría decir en este caso, cuando demasiados hechos resultan adversos, una licitación corre el riesgo de hundirse. Pues bien, eso es lo que acaba de pasar con la APP del Canal del Dique. Quienes defendían su adjudicación in extremis, por razones que estimaban válidas, lo cual es totalmente respetable, ¿en serio consideraban que estaban dadas las condiciones para entregar a un único proponente un megaproyecto de $3,1 billones que de manera recurrente venía siendo cuestionado por Raimundo y todo el mundo? 12 horas antes de saltar del barco, la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) anunciaba el enésimo aplazamiento de los términos del proceso, el cual apuntaba a ser el remate final de las sucesivas modificaciones del cronograma. Sin embargo, en la puerta del horno se les chamuscó el pan. EL HERALDO reveló preocupantes cuestionamientos a la propuesta de la firma Sacyr, formulados por la Contraloría General de la República. Su evaluación preliminar concluyó tajantemente que no cumplía con las condiciones establecidas en la ley ni en el pliego definitivo de condiciones. Fin de la discusión. No había forma de avanzar en la adjudicación, tras la sarta de anomalías identificadas por el ente de control, pese a que la ANI inexplicablemente le había dado luz verde a la propuesta. 

Desde luego, a estas alturas sería insensato desconocer el valor estratégico de una iniciativa relevante, además de necesaria, enfocada en mejorar la navegabilidad de los 115 kilómetros de la hidrovía, asegurar la restauración ecosistémica del río Magdalena hasta el Mar Caribe y procurar beneficios socioeconómicos a los cerca de dos millones de habitantes de su zona de influencia en Bolívar, Atlántico y Sucre. Pero tampoco sería razonable ignorar esas insistentes señales que advertían sobre el escaso margen de éxito que podría tener la fase final de la licitación si todo se dejaba para última hora, lo que finalmente ocurrió. De hecho, lo que más provocaba incertidumbre, desconcierto, y ¡cómo no!, sobrada indignación en distintos sectores era la fecha misma de adjudicación prevista para el 4 de agosto, apenas tres días antes del final del gobierno de Iván Duque quien calificó este proyecto, hace poco más de dos años, como “el más importante de adaptación al cambio climático que se construiría en América Latina”. Palabras apresuradas que se las llevó el viento, no sin antes causar grandes tormentas, sobre todo entre muchas comunidades ribereñas que nunca lograron entender, porque jamás se lo contaron en detalle, cómo este portento de la ingeniería les iba a transformar la vida. Incredulidad más que justificada.

Cada vez que tenía la oportunidad, inmancablemente durante sus visitas a la región Caribe, el saliente mandatario sacaba pecho, reiterando hasta la saciedad su compromiso con la APP del Canal del Dique. También con la del río Magdalena. ¡Pero, vaya deplorable coincidencia! Ni una ni la otra lograron concretarse durante su mandato al que ya le quedan pocas horas. Por las razones que sean, las cuales deberían ser objeto de una concienzuda evaluación por parte de la ANI y por supuesto, del Ministerio de Transporte, para tratar de determinar dónde está la desconexión con la realidad, los dos megaproyectos se quedaron siendo unos ilusionantes renders engavetados quién sabe en qué dependencia oficial. Agravio acumulado por partida doble que nos deja al borde de la náusea, aunque aún podría ser peor.

Adelantarse a los hechos debería tener consecuencias, al menos éticas. En diciembre, en un balance prematuro entregado en Barranquilla, la Consejera Presidencial para las Regiones, Ana María Palau, tras relacionar una extensa serie de obras de infraestructura y conectividad vial, entre ellas las APP, aseguró que el Gobierno “le había cumplido al departamento del Atlántico”. Que cada palo aguante su vela por no calibrar con el rigor debido el alcance de anuncios grandilocuentes que luego, no se compadecen con los resultados finales de sus gestiones. ¿Hasta cuándo en la Costa nos vamos a seguir dejando engatusar por alquimistas de palabras efímeras cuyas presuntuosas promesas chocan con la tozuda realidad de sus escasas o nulas ejecutorias invariables en el tiempo? Deberíamos agudizar los sentidos para olfatear los peligros a tiempo, mucho antes de quedarnos sin el pan y sin el queso, como estamos ahora. Sin abandonar la esperanza de que los pendientes tengan resolución en el próximo Gobierno, convendría hacer las paces con nuestra historia de sucesivos desencuentros con el poder centralista para no seguir siendo arrastrados por su ineptitud, como cada cuatro años.

Agosto 4-5 de 2022