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Colombia en zona crítica por escasez de gas

AutorRedacción LGN
15 de septiembre de 2026 · 10:14 a. m.|6 min de lectura
El gas se acaba

La producción nacional cayó 12 % en 2025 y acumula una reducción de 31 % frente a 2021.

Las reservas probadas también retrocedieron y el país depende cada vez más de las importaciones.

Promigas plantea cinco decisiones urgentes para evitar que la estrechez del suministro termine golpeando hogares, industria y competitividad.

Colombia ya no enfrenta simplemente una dificultad pasajera en el abastecimiento de gas natural. El problema se ha convertido en estructural y el margen de maniobra comienza a estrecharse.

Esa es una de las principales conclusiones que deja el XXVII Informe del Sector Gas Natural en Colombia – InfoGas 2026, presentado por Promigas este 15 de septiembre, que pone cifras a una discusión que durante los últimos años ha estado atravesada por advertencias empresariales, decisiones regulatorias y el debate nacional sobre la transición energética. La información conocida este lunes confirma que el deterioro de la oferta interna continúa. (Diario La República)

El dato que enciende las alarmas está en la producción. Durante 2025, la producción fiscalizada de gas natural cayó 12 % y acumuló una reducción de 31 % frente a los niveles de 2021. Paralelamente, las reservas probadas pasaron de 3,164 terapies cúbicos (Tpc) en 2021 a 1,717 Tpc en 2025, reduciendo progresivamente la capacidad del país para atender su propia demanda.

El problema adquiere otra dimensión cuando se observa cómo Colombia está compensando esa pérdida de producción interna: con gas traído del exterior.

De acuerdo con el informe, los volúmenes regasificados por SPEC LNG pasaron de un promedio anual de apenas 5 millones de pies cúbicos diarios (MPCD) en 2021 a 174 MPCD en 2025. En lo corrido de 2026, las importaciones representan ya 28 % del suministro total, según las cifras divulgadas por Promigas.

No se trata, por tanto, de que mañana vayan a cerrarse las válvulas de los hogares colombianos. La advertencia es distinta y quizá más importante: el sistema tiene cada vez menos holgura.

Menos gas colombiano y mayor dependencia externa

La fotografía que presenta InfoGas permite entender una transformación silenciosa del mercado energético nacional. Durante décadas, Colombia pudo apoyarse fundamentalmente en su propia producción de gas; ahora necesita complementar crecientemente esa oferta con importaciones.

La propia información corporativa de Promigas ya mostraba la magnitud de ese cambio. En 2025 la oferta local disminuyó 17 % frente al año anterior y los precios del gas en el mercado primario aumentaron 11 %, en un contexto de menor disponibilidad del producto nacional y mayor participación del importado. (Promigas)

La terminal de regasificación SPEC, ubicada en Cartagena, se ha convertido por ello en una pieza decisiva de la seguridad energética colombiana. Su capacidad fue ampliada de 450 a 475 MPCD y durante el primer trimestre de 2026 cubrió cerca del 23 % de la demanda nacional de gas, además de respaldar más del 60 % de la generación térmica a gas natural. (Promigas)

Eso explica una aparente paradoja: Colombia todavía tiene gas y continúa abasteciendo su mercado, pero simultáneamente ha aumentado su vulnerabilidad frente a cualquier interrupción de producción, transporte o importación.

Promigas lo describe como una situación de menor holgura operacional. Una reducción inesperada en la producción de un campo, la indisponibilidad de infraestructura crítica o un episodio de mayor demanda podría afectar segmentos del mercado con mucha mayor rapidez que cuando existía abundancia de oferta nacional.

El problema puede terminar llegando al bolsillo

La discusión tampoco se limita a establecer si existe físicamente suficiente gas.

Importar más gas puede significar también exponerse en mayor medida a precios internacionales, costos logísticos, disponibilidad externa y variaciones cambiarias. Por eso, la seguridad energética comienza a mezclarse directamente con otro asunto: la competitividad de Colombia.

Si el suministro se vuelve insuficiente, costoso o incierto, advierte el informe, los consumidores pueden verse obligados a sustituir gas por energéticos de mayor precio o mayores emisiones. Para la industria eso representa costos adicionales; para el sistema eléctrico, mayor vulnerabilidad cuando las hidroeléctricas requieren respaldo térmico; y para los hogares, el riesgo de que una parte de esos mayores costos termine reflejándose en las tarifas.

La importancia social del asunto es enorme. Al cierre de 2024 había 11,9 millones de usuarios de gas natural en Colombia, equivalentes aproximadamente al 67 % de la población, y el 85 % de los usuarios residenciales pertenecía a los estratos 1, 2 y 3. (Promigas)

Por eso una crisis de gas difícilmente sería solamente una crisis de las compañías energéticas.

Cinco decisiones que Colombia tendría que acelerar

InfoGas 2026 plantea una hoja de ruta que va bastante más allá de aumentar las importaciones. Promigas sostiene que Colombia necesita actuar simultáneamente sobre varios frentes: asegurar y diversificar las importaciones; recuperar la oferta nacional mediante exploración, desarrollo de reservas y aprovechamiento de yacimientos convencionales y no convencionales; fortalecer el transporte y la confiabilidad de la infraestructura; recuperar estabilidad regulatoria; y proteger la competitividad y a los consumidores.

El mensaje de fondo resulta especialmente relevante en medio de la discusión sobre transición energética: importar y producir gas nacional no aparecen en el informe como alternativas excluyentes.

Colombia necesita resolver el abastecimiento inmediato mientras desarrolla las fuentes que podrán sostener su matriz energética en el futuro.

Y allí está probablemente el punto político más importante del documento.

La transición energética también necesita seguridad energética

La discusión colombiana de los próximos años no debería reducirse a escoger entre combustibles fósiles y energías renovables. La pregunta más compleja es cómo hacer la transición sin comprometer la energía que necesitan diariamente los hogares, las industrias y el sistema eléctrico mientras las nuevas fuentes adquieren suficiente capacidad para reemplazar progresivamente a las anteriores.

El gas ocupa una posición particularmente sensible en esa ecuación porque funciona como combustible residencial e industrial, pero también como respaldo de la generación eléctrica cuando disminuyen los aportes hídricos.

De hecho, Colombia ya vivió recientemente esa dependencia. Durante 2024, las bajas hidrologías asociadas a El Niño obligaron a aumentar la generación térmica; en 2025 ocurrió lo contrario: las mayores lluvias elevaron la participación hidroeléctrica y redujeron considerablemente el consumo de gas del sector térmico. (Promigas)

Es decir, un año lluvioso puede esconder parcialmente la estrechez del sistema; una sequía puede volverla dramáticamente visible.

Y esa quizá sea la advertencia más seria que deja InfoGas 2026.

Colombia todavía tiene alternativas. Puede ampliar y diversificar sus fuentes de importación, recuperar producción nacional, acelerar proyectos, mejorar la infraestructura de transporte y construir reglas que permitan nuevas inversiones. Pero cada año que esas decisiones se aplazan disminuye el margen disponible para ejecutarlas.

La discusión, entonces, ya no consiste solamente en determinar cuánto gas tiene Colombia.

La pregunta que comienza a importar es otra:

¿cuánto tiempo tiene Colombia para evitar que la escasez estructural de gas termine convirtiéndose en una crisis energética?

Etiquetas:Gobierno
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