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Economía

Barranquilla busca una relación más dinámica con el Gran Caribe: un mercado de oportunidades

AutorRedacción LGN
13 de octubre de 2026 · 5:51 a. m.|16 min de lectura
Un comercio con oportunidades.

Tercera y última entrega del especial «Barranquilla sale a la reconquista comercial del Gran Caribe»

La dependencia de las importaciones alimentarias, las necesidades de infraestructura, el crecimiento turístico y la demanda de servicios especializados abren oportunidades para que Barranquilla amplíe sus relaciones económicas con los países y territorios del Caribe. Una estrategia que debe incluir tanto a los Estados independientes como a las islas vinculadas al Reino Unido y los Países Bajos, sin excluir el complejo mercado cubano.

Por Jorge Medina Rendón Redacción La Gran Noticia Investigación económica

EL GRAN CARIBE: UN MERCADO QUE ESTÁ MÁS CERCA DE LO QUE PARECE

Desde Barranquilla, el mar Caribe se extiende como una inmensa avenida hacia numerosos territorios que, a pesar de compartir un mismo espacio geográfico, presentan realidades económicas diferentes.

Hay islas cuya prosperidad depende fundamentalmente del turismo; otras desarrollan actividades financieras, comerciales o energéticas. Algunas poseen importantes recursos naturales, mientras otras deben importar una parte considerable de los bienes que consumen.

Existen países independientes, territorios británicos de ultramar, países autónomos del Reino de los Países Bajos y pequeñas islas administradas directamente por el Estado neerlandés.

Esa diversidad constituye una de las características más interesantes del Gran Caribe.

También representa un desafío comercial.

Porque no existe un solo mercado caribeño.

Existen múltiples mercados, con idiomas, monedas, niveles de ingreso, sistemas aduaneros, necesidades productivas y regulaciones diferentes.

Y precisamente allí aparece una oportunidad para Barranquilla.

La ciudad puede construir una estrategia comercial que responda a las necesidades específicas de cada territorio, aprovechando su capacidad industrial, su posición geográfica y sus posibilidades de conexión marítima y aérea.

El desafío no consiste solamente en vender más productos. Consiste en convertir a Barranquilla en un centro de abastecimiento, servicios, negocios y cooperación económica para el Gran Caribe.

UN MERCADO QUE NECESITA ABASTECIMIENTO

Una de las mayores oportunidades económicas está relacionada con la alimentación.

La Comunidad del Caribe, CARICOM, ha reconocido durante los últimos años la necesidad de disminuir la dependencia de las importaciones de alimentos.

En febrero de 2025, sus jefes de Gobierno acordaron prolongar hasta 2030 la estrategia regional de seguridad alimentaria que inicialmente se había formulado bajo el objetivo de reducir las importaciones en un 25 %.

La iniciativa respondía a una factura regional de importaciones alimentarias superior a 6.000 millones de dólares.

La cifra permite dimensionar el problema, aunque no debe interpretarse como un mercado automáticamente disponible para los exportadores colombianos.

Los países caribeños quieren producir más alimentos y reducir su vulnerabilidad frente a los acontecimientos internacionales.

Pero mientras desarrollan esas capacidades, continúan necesitando proveedores competitivos.

Para Barranquilla, esto representa una posibilidad de ampliar las relaciones comerciales en productos agropecuarios, alimentos procesados y suministros para la industria alimentaria.

La región Caribe colombiana dispone de actividades ganaderas, agrícolas y agroindustriales que podrían integrarse a una estrategia exportadora.

También cuenta con empresas dedicadas a la transformación y comercialización de alimentos.

Sin embargo, el verdadero potencial debe establecerse producto por producto.

No basta con saber que una isla importa alimentos.

Es indispensable conocer qué compra, cuánto consume, cuáles son sus proveedores actuales y qué requisitos exige para permitir la entrada de mercancías.

¿Qué podría ofrecer Barranquilla?

Una primera canasta comercial para estudiar comprende carnes refrigeradas y congeladas, productos lácteos, frutas, hortalizas, huevos, alimentos procesados, conservas, productos de panadería, bebidas no alcohólicas y suministros para hoteles y restaurantes.

No todos estos productos tienen actualmente acceso sanitario autorizado a todos los destinos.

Por eso, la oferta debe construirse sobre una combinación de capacidad productiva, cumplimiento normativo y demanda comprobada.

Los alimentos perecederos requieren cadenas de frío confiables.

Los productos de origen animal necesitan certificaciones sanitarias y autorizaciones específicas.

Y los compradores deben contar con garantías de calidad, continuidad y precios competitivos.

La oportunidad existe, pero aprovecharla exige organización empresarial.

EL TURISMO CARIBEÑO NECESITA MUCHO MÁS QUE ALIMENTOS

La economía turística genera una demanda que va mucho más allá de la alimentación.

Los hoteles necesitan muebles, colchones, textiles, productos de aseo, equipos de refrigeración, materiales de construcción, sistemas eléctricos y servicios de mantenimiento.

Los restaurantes requieren maquinaria, utensilios, empaques, tecnología y suministros especializados.

Los proyectos turísticos demandan soluciones de ingeniería, arquitectura, climatización, tratamiento de aguas y eficiencia energética.

El Banco de Desarrollo del Caribe ha identificado el turismo como uno de los motores importantes de la actividad económica regional y la construcción como un sector favorecido por inversiones públicas y privadas.

Esta realidad abre posibilidades para las empresas industriales y de servicios de Barranquilla.

La ciudad cuenta con experiencia empresarial en sectores que pueden participar en esas cadenas de suministro.

Pero la estrategia debe ir más allá de ofrecer mercancías aisladas.

Una empresa que construye o remodela un hotel puede necesitar simultáneamente materiales, muebles, equipos y servicios técnicos.

Barranquilla podría explorar modelos de abastecimiento integral que permitan a diferentes empresas regionales presentar ofertas conjuntas.

El objetivo sería competir no solamente por precio, sino también por calidad, cumplimiento y capacidad de respuesta.

LAS ISLAS DEL REINO UNIDO: MERCADOS QUE EXIGEN UNA DIPLOMACIA COMERCIAL DIFERENTE

Una de las dimensiones menos exploradas de la relación económica con el Gran Caribe está representada por los territorios británicos de ultramar.

Entre ellos se encuentran las Islas Caimán, las Islas Vírgenes Británicas, Anguila, Montserrat y las Islas Turcas y Caicos.

Aunque mantienen vínculos constitucionales con el Reino Unido, no todos poseen idénticas estructuras económicas ni las mismas competencias administrativas.

Sus autoridades locales intervienen en asuntos comerciales y aduaneros, mientras determinadas responsabilidades constitucionales permanecen vinculadas al Gobierno británico.

Por esa razón, una estrategia comercial de Barranquilla tendría que combinar relaciones con empresarios e instituciones locales y, cuando corresponda, gestiones diplomáticas con el Reino Unido.

No sería suficiente realizar una misión comercial genérica.

Habría que identificar las condiciones particulares de cada territorio.

Islas Caimán

Su actividad turística, inmobiliaria y financiera permite explorar oportunidades en materiales de construcción, mobiliario, suministros hoteleros, alimentos y servicios empresariales.

También podría estudiarse la prestación de servicios profesionales y tecnológicos.

Islas Vírgenes Británicas

Las necesidades asociadas con el turismo, las instalaciones náuticas y la actividad empresarial justifican examinar oportunidades en suministros especializados, mantenimiento, construcción y servicios.

Islas Turcas y Caicos

El desarrollo de establecimientos turísticos y proyectos inmobiliarios puede generar demanda de materiales, equipos, alimentos y suministros para hoteles.

Anguila y Montserrat

Su menor tamaño exige estrategias diferentes.

En estos casos, podría resultar más conveniente estudiar mecanismos de distribución consolidada, mediante operadores que atiendan varios destinos.

El mercado potencial de estas islas no debe evaluarse únicamente por su población residente.

En los territorios turísticos, la demanda también está relacionada con los visitantes, la actividad hotelera y las inversiones.

Pero esa demanda debe medirse con estadísticas específicas.

La propuesta para Barranquilla sería construir una agenda comercial diferenciada con los territorios británicos, identificando compradores, autoridades regulatorias y operadores logísticos en cada destino.

EL CARIBE NEERLANDÉS: UNA OPORTUNIDAD QUE MERECE ATENCIÓN ESPECIAL

El Caribe neerlandés presenta una estructura institucional distinta.

Aruba, Curazao y Sint Maarten son países autónomos dentro del Reino de los Países Bajos.

Bonaire, Saba y San Eustaquio forman parte de los Países Bajos como entidades públicas especiales.

La diferencia es importante porque sus sistemas administrativos, tributarios y comerciales no son necesariamente iguales.

Sin embargo, todos forman parte de un espacio económico cercano a la costa norte de Colombia.

Bonaire, Saba y San Eustaquio: las cifras hablan

Las estadísticas oficiales neerlandesas ofrecen una referencia especialmente interesante.

Durante el segundo trimestre de 2026, las importaciones de mercancías registraron los siguientes valores:

TerritorioImportaciones, segundo trimestre de 2026
BonaireUS$115,5 millones
San EustaquioUS$13,8 millones
SabaUS$9,8 millones
TotalUS$139,1 millones

Fuente: Oficina Central de Estadísticas de los Países Bajos, CBS. Cifras preliminares.

Estos datos no representan las importaciones anuales ni indican cuánto corresponde a productos que Barranquilla podría suministrar.

Pero muestran que incluso tres territorios pequeños mantienen una demanda significativa de bienes procedentes del exterior.

Las estadísticas también permiten establecer que sus importaciones superan ampliamente sus exportaciones de mercancías.

Esto refleja la importancia del abastecimiento externo en sus economías.

Una ventaja aduanera que merece estudiarse

En Bonaire, Saba y San Eustaquio, los derechos generales de importación se encuentran establecidos en cero, aunque se aplican impuestos internos y existen regulaciones específicas.

La Administración Tributaria del Caribe Neerlandés informa que el impuesto general sobre el gasto, conocido como ABB, es normalmente del 8 % en Bonaire y del 6 % en Saba y San Eustaquio, con excepciones.

Esta estructura puede resultar relevante para los exportadores colombianos.

No significa que todos los productos puedan entrar libremente.

Persisten obligaciones aduaneras, controles sanitarios y otras exigencias.

Pero demuestra la importancia de estudiar las condiciones comerciales de cada territorio antes de descartar oportunidades.

¿Con quién negociar?

Barranquilla podría impulsar acercamientos con cámaras empresariales, importadores, distribuidores, operadores hoteleros y autoridades económicas de Aruba, Curazao y Sint Maarten.

Para Bonaire, Saba y San Eustaquio, también sería necesario establecer contacto con las instituciones administrativas y aduaneras del Caribe Neerlandés.

La diplomacia colombiana en el Reino de los Países Bajos podría facilitar determinados acercamientos institucionales.

Sin embargo, las operaciones comerciales dependerían finalmente de compradores, vendedores, condiciones de acceso y contratos concretos.

CARICOM: UNA RELACIÓN QUE YA TIENE BASE JURÍDICA

Uno de los aspectos más importantes de esta investigación es que Colombia no necesita comenzar desde cero sus relaciones institucionales con la Comunidad del Caribe.

En 1994, Colombia y varios países de CARICOM suscribieron un acuerdo de alcance parcial sobre comercio y cooperación económica y técnica.

El instrumento entró en vigor en 1995 y posteriormente fue modificado mediante un protocolo que amplió las preferencias comerciales.

Su propósito incluye promover el intercambio de mercancías, las inversiones, la cooperación y la participación del sector privado.

Esto representa un punto de partida importante.

Sin embargo, el acuerdo no debe interpretarse como un tratado de libre comercio generalizado con todos los territorios del Gran Caribe.

Las preferencias dependen de los países participantes, los productos incluidos y las reglas de origen.

Por ello, una estrategia comercial moderna debería comenzar por revisar qué beneficios existen actualmente para las mercancías producidas en Colombia.

También sería necesario identificar los productos que enfrentan mayores barreras arancelarias o regulatorias.

Una actualización de la agenda comercial con CARICOM podría contribuir a ampliar oportunidades para empresarios del Atlántico y de otras regiones colombianas.

Pero Barranquilla no tendría que esperar una negociación internacional para comenzar a actuar.

Las empresas pueden explorar los mecanismos existentes y desarrollar relaciones comerciales dentro de las condiciones legales vigentes.

CUBA: ¿ES POSIBLE ABASTECERLA A PESAR DE LAS SANCIONES ESTADOUNIDENSES?

Cuba merece un capítulo especial.

Su relación histórica con Barranquilla incluye operaciones comerciales documentadas desde comienzos del siglo XX.

En la primera entrega de este especial recordamos los embarques de ganado que salieron de Barranquilla hacia Cuba entre 1904 y 1905.

Más de un siglo después, el mercado cubano plantea oportunidades potenciales, pero también dificultades económicas, financieras y jurídicas.

La pregunta es inevitable:

¿Puede Barranquilla exportar alimentos, productos agropecuarios, medicamentos y otras mercancías hacia Cuba a pesar de las sanciones de Estados Unidos?

La respuesta requiere distinguir entre las restricciones estadounidenses y las operaciones realizadas por empresas colombianas.

Las sanciones de Estados Unidos no constituyen, por sí mismas, una prohibición universal de todo comercio entre Colombia y Cuba.

Sin embargo, determinadas transacciones pueden quedar sujetas a la jurisdicción estadounidense por el origen de las mercancías, sus componentes, la participación de personas estadounidenses o la intervención de instituciones financieras y transportadores.

En agosto de 2026, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro estadounidense, OFAC, aclaró que determinadas medidas sancionatorias no están orientadas a impedir que personas no estadounidenses suministren alimentos, medicamentos y dispositivos médicos a Cuba.

La orientación incluye operaciones humanitarias relacionadas con productos agrícolas y equipos médicos, bajo las condiciones señaladas por esa autoridad.

Pero esta aclaración no elimina las demás restricciones aplicables.

El Departamento de Comercio estadounidense mantiene controles sobre exportaciones y reexportaciones de productos sujetos a sus regulaciones.

Por eso, una empresa colombiana interesada en vender a Cuba tendría que verificar cuidadosamente el origen de los bienes, los componentes incorporados, los compradores y las condiciones financieras.

También debería comprobar que las instituciones participantes no estén sujetas a restricciones que impidan la operación.

¿Qué podría suministrarse?

Desde el punto de vista de la demanda potencial, merecen estudiarse los alimentos básicos, productos agropecuarios, medicamentos, insumos hospitalarios, equipos de tratamiento de agua, materiales de construcción y determinados suministros industriales.

Sin embargo, identificar una necesidad no significa que exista capacidad efectiva de compra.

La disponibilidad de divisas, los mecanismos de pago, el riesgo de incumplimiento y las condiciones logísticas son factores determinantes.

La experiencia histórica demuestra que Cuba fue un destino comercial para mercancías movilizadas desde Barranquilla.

La realidad actual exige una evaluación distinta.

El mercado cubano no debe excluirse de la estrategia caribeña, pero tampoco puede abordarse sin un análisis especializado de cumplimiento normativo, financiación y riesgo comercial.

EL GRAN CARIBE NO SOLAMENTE COMPRA: TAMBIÉN NECESITA SERVICIOS

Una estrategia moderna de integración económica debe reconocer que los servicios constituyen una parte importante de las oportunidades.

La Barranquilla del siglo XXI puede explorar actividades que no formaban parte de la oferta comercial tradicional.

Turismo de salud

Los pacientes de determinados territorios caribeños pueden necesitar servicios especializados que no siempre están disponibles localmente.

Barranquilla podría estudiar la posibilidad de ofrecer atención médica, procedimientos especializados, rehabilitación y servicios diagnósticos.

Para ello serían necesarios convenios con aseguradoras, hospitales y operadores de salud de los países de origen.

También habría que resolver las condiciones de transporte, alojamiento, atención en otros idiomas y continuidad del tratamiento.

La oportunidad debe medirse a partir de necesidades clínicas reales, costos comparativos y capacidad instalada.

Educación superior

Las universidades de Barranquilla podrían ampliar sus relaciones académicas con instituciones y estudiantes del Gran Caribe.

Programas de formación profesional, posgrados, educación continua, investigación aplicada e intercambio académico pueden convertirse en instrumentos de integración regional.

La cercanía geográfica y los intereses compartidos ofrecen una base para desarrollar estas relaciones.

Servicios empresariales y tecnológicos

Las empresas caribeñas necesitan soluciones de administración, contabilidad, informática, ingeniería, mercadeo y transformación digital.

Barranquilla podría fortalecer su oferta de servicios exportables, especialmente en actividades que puedan prestarse de manera remota.

Logística y distribución

El comercio regional también necesita almacenamiento, consolidación de mercancías, transporte y servicios aduaneros.

La posibilidad de desarrollar centros de distribución orientados hacia diferentes mercados insulares merece una evaluación económica específica.

En todos estos sectores, la ciudad tendría que demostrar ventajas frente a otros proveedores internacionales.

GUYANA Y SURINAM: EL CARIBE TAMBIÉN TIENE UNA DIMENSIÓN CONTINENTAL

El Gran Caribe no está integrado exclusivamente por islas.

Guyana y Surinam forman parte de CARICOM y representan mercados con características distintas de las economías insulares.

Guyana ha experimentado una transformación económica asociada al desarrollo de su industria petrolera.

Ese proceso genera necesidades de infraestructura, servicios industriales, construcción y formación especializada.

Surinam también posee actividades vinculadas con recursos naturales y sectores productivos que requieren bienes y servicios.

Para Barranquilla, ambos mercados podrían justificar estudios de oportunidades en materiales de construcción, ingeniería, servicios empresariales y suministros industriales.

Sin embargo, no sería correcto asumir que su crecimiento garantiza contratos para las empresas colombianas.

Las oportunidades deben analizarse frente a proveedores establecidos, requisitos técnicos y condiciones de contratación.

El concepto de Gran Caribe debe comprender tanto las islas como los países continentales vinculados a su economía.

LA CONECTIVIDAD: LA CONDICIÓN QUE PUEDE DECIDIRLO TODO

La cercanía de Barranquilla con los mercados caribeños es una ventaja geográfica potencial.

Pero no siempre se traduce en una ventaja económica.

Una mercancía puede recorrer una distancia relativamente corta y enfrentar costos elevados si no existen rutas frecuentes, suficiente volumen de carga o infraestructura adecuada.

Por eso, la estrategia comercial debe incorporar una evaluación de las conexiones marítimas y aéreas.

Los empresarios necesitan conocer los tiempos de tránsito, los costos de transporte, las frecuencias de servicio y las posibilidades de consolidación de mercancías.

Los productos refrigerados requieren condiciones adicionales.

Y los servicios médicos dependen, entre otros factores, de conexiones aéreas convenientes.

La competitividad no se mide únicamente en kilómetros.

Se mide en costos, tiempos, confiabilidad y capacidad de respuesta.

LA RECONQUISTA NECESITA UNA ESTRATEGIA

La historia comercial de Barranquilla demuestra que la ciudad supo construir relaciones económicas con mercados internacionales.

Su presente ofrece capacidades empresariales que podrían respaldar una nueva etapa de expansión.

Pero ninguna oportunidad se materializa solamente porque exista demanda.

Hace falta una estrategia que combine información comercial, infraestructura, financiación, promoción exportadora y cooperación institucional.

El primer paso debería ser identificar los mercados donde Barranquilla tiene mayores posibilidades de competir.

Después, establecer cuáles productos y servicios pueden ofrecerse en condiciones favorables.

También será indispensable conocer las barreras regulatorias y construir relaciones directas con compradores.

Una estrategia regional debería medir periódicamente las exportaciones del Atlántico hacia los países y territorios del Gran Caribe.

No solamente el valor total de las ventas, sino también la cantidad de empresas exportadoras, la diversidad de productos, la continuidad de los contratos y la generación de empleo.

Ese seguimiento permitiría distinguir entre las oportunidades anunciadas y los resultados alcanzados.

UNA CAPITAL COMERCIAL SE CONSTRUYE CON RELACIONES

Barranquilla tiene una ubicación privilegiada frente al Caribe, una tradición empresarial importante y capacidades industriales y de servicios que pueden contribuir a su internacionalización.

Pero convertirse en un epicentro comercial regional exige mucho más que una posición geográfica.

Requiere construir relaciones duraderas con los países independientes y los territorios vinculados a otras naciones.

También demanda comprender sus diferencias institucionales, económicas y culturales.

Los mercados de CARICOM no son iguales a los del Caribe neerlandés.

Las islas británicas tienen características diferentes de Cuba.

Y las economías continentales de Guyana y Surinam plantean oportunidades distintas de las de los pequeños territorios turísticos.

Una estrategia exitosa tendrá que reconocer esas diferencias.

Barranquilla podría convertirse en un punto de encuentro entre productores colombianos y compradores caribeños, entre instituciones académicas y empresas, entre prestadores de servicios y mercados internacionales.

La oportunidad consiste en ampliar una relación económica que tiene antecedentes históricos y que puede adquirir nuevas dimensiones.

DEL PASADO COMERCIAL A LA PROSPERIDAD FUTURA

En la primera entrega de esta investigación reconstruimos la relación histórica de Barranquilla con el Gran Caribe.

En la segunda examinamos las oportunidades actuales y los movimientos comerciales que buscan fortalecer la presencia colombiana en los mercados insulares.

Esta tercera entrega plantea un desafío de mayor alcance.

Convertir a Barranquilla en un centro regional de abastecimiento, servicios, inversión y relaciones empresariales.

La ciudad tiene condiciones que justifican estudiar seriamente esa posibilidad.

Pero la historia también enseña que el protagonismo económico no es permanente ni está garantizado.

Se construye, se fortalece y puede perderse.

Por eso, la reconquista comercial del Gran Caribe debe apoyarse en decisiones empresariales, información verificable y una estrategia de largo plazo.

Barranquilla no necesita imaginar un mercado lejano.

Tiene frente a sus costas un conjunto de economías que compran, producen, invierten y demandan servicios.

La pregunta es qué lugar quiere ocupar en esas relaciones.

Porque el verdadero liderazgo económico no consiste en proclamarse capital de una región.

Consiste en convertirse en un socio comercial indispensable para quienes la integran.

Y esa es la oportunidad que Barranquilla tiene ante sí.

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Etiquetas:EmpleoGobierno
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