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Ciencia y Desarrollo

Científicos comparten estudios sobre genómica e inmunoterapia contra el cáncer de mama 

AutorRedacción LGN
4 de noviembre de 2026 · 4:11 p. m.|6 min de lectura
Científicos comparten estudios sobre genómica e inmunoterapia contra el cáncer de mama 

El AACR on Campus Colombia reunió en Uninorte a investigadores de Estados Unidos y Colombia, quienes expusieron cómo la genómica y las células que rodean al tumor están cambiando el tratamiento, y por qué la población latinoamericana sigue casi ausente de los datos con los que se toman esas decisiones.

Dos mujeres reciben el mismo diagnóstico: cáncer de mama en estadio 2, sin compromiso de los ganglios linfáticos, misma edad y tumores que al microscopio lucen casi idénticos. Hace dos décadas habrían recibido el mismo tratamiento. Hoy se sabe que pueden tener desenlaces distintos y que la razón no siempre está escrita en su ADN.

Con esas dos pacientes hipotéticas, la médica genetista Marcela Gálvez abrió la primera sesión científica del AACR on Campus Colombia, el encuentro que la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (AACR) llevó a la Universidad del Norte el 29 y 30 de octubre, en alianza con la Universidad El Bosque.

Científicos comparten estudios sobre genómica e inmunoterapia contra el cáncer de mama 

Minutos antes, Oscar Vidal, profesor del Departamento de Medicina y director de ProCaM, el programa de investigación en cáncer de mama de Uninorte, había mostrado en pantalla el primer correo que su equipo envió a la AACR.

De ese contacto salió la visita de Laura Fejerman, Kelli M. Rasmussen, Jennifer Guerriero, Francisco Sánchez-Vega y Brian M. Rivers, de centros como Harvard y el Memorial Sloan Kettering.

“Nuestro enfoque no es simplemente la ciencia en sí. Son las personas que necesitan esa ciencia”, puntualizó Vidal. “Queremos generar evidencia que refleje las características de nuestra propia población, porque el conocimiento desarrollado en otros lugares no siempre representa completamente a las mujeres que atendemos aquí”.

Esa apuesta por producir conocimiento desde la región tiene respaldo en la universidad.

Javier Páez, vicerrector de Investigación, Creación e Innovación, recordó que Uninorte llega a sus 60 años con la salud como una de sus áreas estratégicas, y lo sustentó con un dato: al relacionar las publicaciones científicas de sus profesores con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el de salud y bienestar concentra la mayor proporción de artículos.

Añadió que ese trabajo ya no se queda en el área de la salud, sino que se hace en colaboración con otras áreas, como Ingeniería. “Eso quiere decir que la universidad se está moviendo de manera muy fuerte y consolidada hacia los temas de salud”, afirmó.

Tres capas de ADN

La paciente A tenía receptores hormonales positivos y HER2 negativo. Una prueba genética le detectó una mutación heredada en BRCA, ligada al síndrome de cáncer de mama y ovario hereditario, que la hace candidata a los inhibidores de PARP, fármacos que aprovechan la incapacidad de esas células tumorales para reparar su ADN. La mutación puede pasar a cada hijo con una probabilidad del 50 %, lo que obliga a estudiar también a padres, hermanos e hijos.

“Con un solo resultado del ADN de esta paciente podemos impactar no solamente el seguimiento y el tratamiento en ella, sino también en su familia”, enfatizó la genetista.

La segunda capa es el ADN del tumor. Si el cáncer reaparece con metástasis, secuenciarlo puede revelar una mutación en el gen PIK3CA, presente en cerca del 40 % de los cánceres de mama avanzados de ese perfil, según el estudio SOLAR-1,, con tratamientos dirigidos.

Científicos comparten estudios sobre genómica e inmunoterapia contra el cáncer de mama 
Marcela Gálvez, médica genetista.

La tercera está en la sangre: el ADN tumoral circulante permite seguir la enfermedad sin nuevas biopsias y, en algunos casos, anticipar una recaída hasta 15 meses antes de que sea visible en la clínica o en las imágenes.

La paciente B no encajaba en nada de eso. Su tumor era triple negativo, sin variantes heredadas de riesgo ni alteraciones tratables en el tumor o en la sangre.

Aun así, respondía muy bien a la quimioterapia combinada con inmunoterapia, como ya lo había documentado el ensayo KEYNOTE-522 con el fármaco pembrolizumab.

A ese vacío entre lo que muestra la genómica y lo que hace el sistema inmunológico Gálvez lo llama genome-immunity gap.

Y señaló otro vacío. En los estudios genómicos de asociación revisados en 2016, el 81 % de los participantes tenía ancestría europea, mientras que las poblaciones africanas, latinas e indígenas sumaban apenas el 4 %.

“Nosotros sí tenemos que preguntarnos si todos esos estudios realmente aplican de la misma manera a nuestras poblaciones o no”, planteó. 

Las células que el tumor pone de su lado

Jennifer Guerriero, inmunóloga del Brigham and Women’s Hospital y el Harvard Cancer Center, explicó que la inmunoterapia ha transformado el tratamiento del melanoma o del cáncer de pulmón, pero solo alrededor del 20 % de los pacientes se beneficia de ella, y en el cáncer de mama triple negativo metastásico las respuestas son mucho más bajas.

Su laboratorio estudia los cánceres de mama asociados a BRCA, cerca del 5 % de los casos. En ratones, su equipo encontró que los inhibidores de PARP activan una vía celular llamada STING, que atrae a los linfocitos T CD8, encargados de destruir células tumorales. Por eso se esperaba que sumar inmunoterapia potenciara el efecto, pero los ensayos clínicos que combinaron ambos tratamientos no superaron al inhibidor de PARP solo.

Científicos comparten estudios sobre genómica e inmunoterapia contra el cáncer de mama 

La respuesta estaba en los macrófagos, células inmunitarias que en algunas muestras que proyectó ocupaban la mitad del tumor, y cuya abundancia se asocia con peores resultados clínicos.

“Una vez que llegan al tumor, estos monocitos se convierten en macrófagos y detectan que hay pocos nutrientes y poco oxígeno dentro del tumor, y el macrófago hace exactamente lo que se supone que debe hacer. Facilita un efecto de reparación de heridas. Así que al hacerlo, ayuda a que las células cancerosas sobrevivan y crezcan”, explicó.

El propio inhibidor de PARP, descubrió su grupo, convierte a esos macrófagos en células cargadas de lípidos que frenan a los linfocitos T. Al eliminarlos en ratones con un tratamiento que bloquea el receptor CSF1R, sumado al inhibidor de PARP, la supervivencia media se duplicó. De ahí surgió un ensayo de fase 1b con 20 pacientes con cáncer de mama avanzado, que está casi completo. “El ensayo se ve emocionante y ya estamos preparando la fase 2”, adelantó.

Su apuesta más reciente apunta a TREM2, un receptor de los macrófagos tumorales ausente en el tejido sano: monocitos modificados, capaces de entrar al tumor, que atacan a esos macrófagos. En sus experimentos, la estrategia redujo la carga tumoral en un 50 %.

El programa del AACR on Campus Colombia siguió con un panel para construir una agenda de investigación en cáncer para el Caribe colombiano, el horizonte que Vidal había trazado al inaugurar. “Espero que esta reunión no solo conduzca a discusiones inspiradoras, sino también a nuevas colaboraciones, oportunidades de investigación y conexiones duraderas entre nuestras instituciones”, concluyó.

Por: José Luis Rodríguez R. del Grupo de Prensa de Uninorte

Etiquetas:EducacionSalud
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