Cómo va el dólar


Por: Iván Torroledo, COO y cofundador de Littio
El miércoles 14 de octubre, se anunció que los precios al consumidor en EE. UU. aumentaron un 3,7 % en los últimos 12 meses.
Llamó la atención que el precio de la gasolina subió un 9 % en septiembre, lo que causó más de la mitad del aumento en la inflación el mes pasado. En los últimos 12 meses, la gasolina ha subido un 34 %.
Para algunos, esto es una continuación de las sorpresas inflacionarias durante 2026 por el conflicto del estrecho de Ormuz.
Después del comunicado, hubo aumentos en varias tasas de interés en los bonos soberanos del mismo país y caídas de entre el 1 % y el 3 % en ETFs amplios del mercado de acciones como VOO, QQQ y VWO.
En línea con lo anterior, los mercados de predicciones también aumentaron su estimación de la probabilidad de que la Reserva Federal aumente sus tasas en su próxima reunión del 27 de octubre.
No obstante, el escenario más probable previsto, todavía por un margen amplio, es que el rango se mantenga inalterado entre el 3,75 % y el 4,00 %.
También se observa que, después de un salto inicial, las tasas en varios puntos de la curva soberana están ahora en niveles incluso inferiores a los que tenían antes del dato de inflación.
Las tasas de 2, 10 y 30 años están ahora alrededor del 4,75 %, 5,09 % y 5,43 %, respectivamente. La tasa de 30 años, por ejemplo, estuvo por encima del 5,7 % hace apenas una semana.
¿Si hay una nueva sorpresa inflacionaria por un conflicto que todavía está activo, por qué no está el mercado prediciendo un nuevo aumento por parte de la Fed y mayores tasas a lo largo de la curva?
Una interpretación es que el mercado considera que estos niveles de tasas, aún con mayores caídas, son suficientes para contener la inflación en EE. UU. y que la Reserva Federal no tiene que aumentar sus tasas de referencia. Como complemento a la expectativa anterior, puede que haya un nuevo optimismo sobre el fin del conflicto.
Las altas tasas de interés de los bonos soberanos compiten por capital que podría dirigirse a otras inversiones en la economía. Por ejemplo, este año ha habido una gigantesca demanda para poner en línea nuevos centros de cómputo que ofrezcan los modelos más nuevos de inteligencia artificial.
La demanda ha sido tal que se ha consumido todo el flujo de caja libre de gigantes como Alphabet (Google), Amazon y Oracle, y los ha llevado a emitir deuda privada, lo que los pone en competencia directa con la deuda pública.
Ya sea porque se considera que se está llegando a los límites de las tasas que pueden pagar los deudores privados, por alguna expectativa de una desaceleración en la IA u otras razones, algunas acciones que producen chips de memoria no tomaron bien el aumento de la inflación y extendieron sus caídas.
Por ejemplo, el Kospi, que es el índice del mercado de acciones de Corea del Sur y tiene una alta concentración en Samsung y SK Hynix, ha caído cerca de un 40 % desde el máximo que alcanzó a mediados de junio. El índice Kospi está todavía un 26 % arriba en el año, pero la caída no parece haberse detenido todavía.
No es posible decir con certeza si las tasas de interés ya son suficientemente altas para frenar la inflación, que parece ser el consenso del mercado, pero está claro que aún un sector tan prometedor como la inteligencia artificial tiene que tener en cuenta la tasa de retorno de sus inversiones.
Como contraste, la industria energética tradicional, que es una industria en aparente decadencia, pero ha tenido muy buenos resultados financieros, está teniendo un excelente 2026. El mercado accionario puede tener swings de euforia y temor, pero suele regresar a un descuento desapasionado de flujos de caja futuros.
