Médico psiquiatra con más de 30 años de experiencia clínica, conferencista y divulgadora en salud mental y bienestar emocional. Autora de los libros Recarga tu Pila y Por lo que un día fui para ti. Su trabajo busca…
Después de treinta años de consulta, he aprendido que el suicidio nunca es un hecho aislado….
Quien llega a pensar en quitarse la vida suele estar agotado, desgastado, sin esperanzas, con la sensación de que ya no puede más, con la idea de querer cortar todo el sufrimiento, y esa decisión, tomada desde un dolor que le impide ver otras salidas, no cierra la historia: la traslada.
El sufrimiento queda en manos de quienes lo amaban.
Cerel y colaboradores encontraron que cada suicidio expone al duelo a unas 135 personas. (cerel y cols, How many people are exposed to suicide. 49(2) 529-534,2019)
La familia: el duelo que no se parece a ningún otro
Quienes sobreviven a un suicidio viven un duelo complejo. A la tristeza se suman la culpa, la rabia, la vergüenza y una pregunta que da vueltas sin respuesta: ¿por qué? Muchos repasan cada conversación, cada evento, cada gesto, buscando la señal que no vieron y pensando como hubieran podido evitar el desenlace .
Algunas familias optan por callar, por el estigma, y ese silencio aísla.
El psiquiatra: también hay vínculo, también hay duelo
Hay algo de lo que se habla poco: cuando un paciente muere por suicidio, el psiquiatra también queda herido. Acompañar durante años crea un lazo real, hecho de confianza y afecto.
Aparecen el desasosiego, las dudas sobre cada decisión clínica, la pregunta de si pudo hacerse algo más.
Somos profesionales, pero también personas, y necesitamos espacios de supervisión y apoyo entre colegas para procesar estas pérdidas sin cargarlas en soledad.
La comunidad: colegios, universidades, oficinas
Cuando ocurre en un colegio, una universidad o un equipo de trabajo, el impacto se expande. Compañeros, profesores y jefes sienten angustia, culpa y la sensación de que «no nos dimos cuenta».
Es un duelo colectivo que necesita ser nombrado, no escondido.
Lo que ayuda es hablar con responsabilidad: ofrecer espacios de escucha, acompañamiento profesional, y evitar tanto el silencio total como los detalles que puedan hacer daño. Y estar atentos a quienes quedan más vulnerables después.
Qué podemos hacer
Preguntar directamente. Preguntar por el suicidio no lo provoca; muchas veces es un alivio para quien lo carga.
Escuchar sin juzgar y sin minimizar («ya se te pasará»).
Acompañar hacia ayuda profesional, y no soltar el contacto.
Cuidar a quienes quedan: familia, compañeros y equipos de salud también necesitan apoyo.
El suicidio se previene, pero no lo previene una sola persona: lo previenen los vínculos, la escucha y una sociedad que se atreve a hablar de salud mental.