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¡Venezuela: una ventana de oportunidad!

AutorAmylkar D. Acosta Medina
3 de octubre de 2026 · 3:35 p. m.|8 min de lectura
Petróleo venezolano
Columna de opiniónAutor invitado
Amylkar D. Acosta Medina

Amylkar D. Acosta Medina

Economista, Ex ministro de Minas y Energía, ex Presidente del Congreso de Colombia, docente e investigador.

“El éxito en los negocios está en saber hacia dónde va el mundo y llegar allí primero”
Bill Gates                             

¡Venezuela: una ventana de oportunidad!

Por Amylkar D. Acosta Medina*

EL PETRÓLEO, OBJETO DEL DESEO

“Necesitamos acceso total. Necesitamos acceso al petróleo”, espetó Donald Trump al referirse a su abierta intervención en Venezuela[1]. El secretario de Estado, Marco Rubio, quiso matizar sus palabras: “no necesitamos el petróleo de Venezuela”, aclaró, no obstante advirtió tajantemente que Washington no permitiría que su industria petrolera quedara en manos de adversarios de Estados Unidos, como China, Rusia o Irán. Ambas declaraciones permiten entender el alcance de la estrategia estadounidense: asegurar influencia sobre las reservas venezolanas, su explotación y sus destinos comerciales. La aparente contradicción se aclara: producir petróleo en abundancia no elimina el interés por decidir quién explota, comercializa y obtiene beneficios de las reservas del vecino.

Cabe preguntarse por qué una potencia petrolera como Estados Unidos tiene tanto interés en el crudo del vecino país. Una parte de la respuesta está en las características de su industria de refinación estadounidense. Varias refinerías de la costa del Golfo están preparadas para procesar crudos pesados, como los de la faja petrolífera del Orinoco. La producción estadounidense, predominantemente liviana, no satisface por sí sola todas esas necesidades. En el negocio petrolero, la calidad del crudo y la capacidad de procesarlo importan tanto como el volumen disponible.

Esta complementariedad industrial ayuda a explicar el acercamiento entre ambas partes. A ella se suma la competencia por los mercados y por la influencia política en América Latina. El acceso al petróleo venezolano ofrece a Washington la posibilidad de fortalecer su abastecimiento regional, obviando el paso por el estrecho de Hormuz y limitar la presencia de otras potencias. La energía sigue ocupando un lugar determinante en las relaciones internacionales.

El secretario de Energía, Chris Wright, fue explícito al anunciar que Estados Unidos comercializaría la producción venezolana “indefinidamente” y así lo viene haciendo. El control de las ventas y de sus ingresos aparece así como un instrumento para orientar los cambios que Washington busca en Venezuela. Por su parte, Delcy Rodríguez extendió una invitación a trabajar en una “agenda de cooperación”. Estas declaraciones muestran cómo el petróleo se ha convertido en un punto de encuentro entre gobiernos que hasta hace poco mantenían una abierta confrontación. Ambas declaraciones muestran el carácter transaccional del acercamiento. Y esa complementariedad ayuda a explicar el interés mutuo por recuperar los flujos comerciales entre ambos países.

El Presidente Donal Trump y la Presidenta interina de Venezuela Daisy Rodríguez alcanzaron un Acuerdo, que se celebró con bombos y platillos, considerado por Trump como “el mayor Acuerdo de la historia” y no es para menos pues EE.UU se hace al “control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de petróleo” venezolano, al decir de Trump, “sin costo alguno para los contribuyentes estadounidenses”, las cuales se vienen a sumar a los 46.000 millones de barriles propios. Las diferencias públicas sobre la duración del acuerdo, según Trump un siglo y según Delcy Rodríguez 25 años, ante tanta opacidad, refuerzan la necesidad de transparencia.

El paso siguiente que dio los EE.UU fue asociarse con la muy cuestionada empresa North American Blue Energy Partners (NABEP), la segunda en importancia después de CHEVRON que venía operando en Venezuela, de la cual es propietario el empresario venezolano Alejandro Betancourt López, uno de los denominados “bolichicos”, que se enriquecieron a la sombra del chavismo. Tras esta truculenta negociación, extiende sus tentáculos sobre 17 campos petroleros en la rica faja petrolífera del Orinoco.

Conviene, además, distinguir las reservas de la capacidad efectiva de producción. Los barriles que permanecen en el subsuelo requieren inversiones, infraestructura y condiciones operativas para llegar al mercado. La recuperación de una industria deteriorada toma tiempo. Los anuncios sobre aumentos de producción deben evaluarse a la luz de los recursos que se comprometan y de los proyectos que realmente se ejecuten.

Tampoco puede perderse de vista el interés de los venezolanos. La recuperación económica debería contribuir al bienestar de la población y acompañarse de garantías institucionales. El éxito comercial de un acuerdo petrolero no resuelve las preguntas sobre la legitimidad de las decisiones ni reemplaza las aspiraciones democráticas de una sociedad.

LOS DESAFÍOS PARA COLOMBIA

En este escenario y luego de la flexibilización de las sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro estadounidense y la apertura a que ello ha dado lugar, Colombia tiene razones para prestarle atención. Una recuperación sostenida de la producción venezolana podría intensificar la competencia en el mercado de crudos pesados, el mismo nicho en el cual participa nuestro país y presionar los ingresos de nuestras exportaciones. La mayor disponibilidad de oferta podría presionar a la baja los precios relativos y modificar las preferencias de los compradores. Su magnitud dependerá de las inversiones efectivamente ejecutadas, de la demanda mundial y de las condiciones comerciales. Conviene prepararse para este nuevo escenario sin dar por consumados sus efectos.

El impacto dependerá de cuánto petróleo adicional llegue al mercado, de la demanda mundial y de las condiciones comerciales. Por eso, sería apresurado presentar como inevitable una caída determinada de los ingresos colombianos. Pero también sería imprudente ignorar el riesgo. Menores precios o volúmenes exportados pueden afectar la entrada de divisas, las utilidades empresariales y los ingresos tanto para la Nación como para las entidades territoriales vinculados a la actividad petrolera.

Colombia debe prepararse para competir en ese entorno. Ello exige cuidar la productividad de sus operaciones, ofrecer condiciones que permitan inversiones y avanzar en la diversificación de su economía. La transformación productiva requiere tiempo y financiación. Debilitar las fuentes actuales de ingreso antes de consolidar otras puede hacer más difícil ese tránsito.

LAS POSIBILIDADES DE COOPERACIÓN

Desde otra perspectiva, la nueva coyuntura también abre una ventana de oportunidad. Colombia y Venezuela cuentan con antecedentes de cooperación energética que merecen una revisión. Las posibilidades del intercambio de electricidad pasa por una evaluación técnica del estado de las interconexiones tanto por La Guajira como por Norte de Santander y el transporte de gas por el gasoducto Antonio Ricaurte son asuntos concretos alrededor de los cuales podría construirse una agenda binacional. Aprovechar esa infraestructura exige comprobar su estado, asegurar el suministro y obtener las autorizaciones correspondientes. La infraestructura existente ofrece un punto de partida, pero su aprovechamiento exige verificar el estado de los equipos, la disponibilidad del recurso y las condiciones de entrega.

Un contrato de suministro solo cumple su propósito cuando el gas llega en los volúmenes y plazos acordados. Por ello, cualquier negociación debe considerar la confiabilidad, los costos de rehabilitación y transporte, las garantías de cumplimiento y las autorizaciones aplicables. La integración energética necesita respaldo técnico y comercial. El incumplimiento de parte de Venezuela del Acuerdo bilateral suscrito por los presidentes Álvaro Uribe por la parte colombiana y Hugo Chávez por la parte venezolana obligan a ser cautos.

También merece estudiarse la eventual participación colombiana en Monómeros o su eventual recompra. Una decisión de esa naturaleza tendría que sustentarse en una valoración rigurosa de la empresa, sus obligaciones y sus necesidades de inversión, así como de su contribución al abastecimiento de fertilizantes. El interés estratégico debe acompañarse de viabilidad económica.

ECOPETROL, por su parte, debería evaluar las posibilidades de participar en la recuperación de la industria de hidrocarburos venezolana. Su experiencia y los antecedentes de cooperación constituyen elementos para explorar proyectos. La entrada anunciada de GeoPark al vecino país muestra que otros actores ya están identificando oportunidades. Anunció el 2 de septiembre de 2026 su entrada en Venezuela mediante el bloque Bare, en la faja petrolífera del Orinoco. Este paso merece atención de ECOPETROL, que debería examinar dónde su experiencia puede traducirse en oportunidades rentables, con garantías suficientes para proteger el patrimonio de sus accionistas.

ECOPETROL no debería quedarse al margen de esa evaluación. Participar exige escoger proyectos compatibles con su capacidad financiera, establecer garantías jurídicas y proteger los intereses de sus accionistas. Explorar una oportunidad no obliga a aceptarla, pero permite decidir con información y evitar que la inacción sustituya al análisis.

El Gobierno y ECOPETROL tienen ante sí la tarea de convertir esta coyuntura en una agenda concreta de trabajo de la mano de PDVSA. Fortalecer la producción nacional, diversificar el abastecimiento y desarrollar negocios regionales son propósitos compatibles. Una relación energética viable con Venezuela puede contribuir a ellos.

Las ventanas de oportunidad tienen plazo. Colombia debe actuar con diligencia, negociar con criterio propio y exigir condiciones transparentes. Aprovechar este momento dependerá de nuestra capacidad para transformar posibilidades en proyectos que generen beneficios verificables para el país. Eso sí, andando con pies de plomo!

De todos modos, hay que estar advertidos de que la prudencia exige distinguir entre anuncios y proyectos viables. La cooperación necesita contratos exigibles y reglas transparentes. También debe respetar la soberanía venezolana y contribuir al bienestar de su población. La rentabilidad de un negocio no resuelve, por sí sola, los problemas de legitimidad política.

Colombia tiene que actuar con criterio propio. Fortalecer la producción nacional, diversificar el abastecimiento y explorar negocios regionales son tareas compatibles. El Gobierno y ECOPETROL deben estudiar esta coyuntura con diligencia: las oportunidades se aprovechan con decisiones sustentadas, inversión responsable y capacidad de ejecución. Dejar pasar el tiempo también tiene un costo. Por ello, celebramos que el nuevo Presidente de ECOPETROL Joaquín Gutiérrez haya viajado a Caracas con el objeto de explorar e identificar oportunidades de negocio, pues, como reza el proverbio oriental, un viaje de mil millas comienza con un solo paso y este es el que se están dando!

*Miembro de número de la ACCE

Bogotá, octubre 3 de 2026

www.amylkaracosta.net


[1] Amylkar D. Acosta M. Se mueve la geopolítica. Enero, 5 de 2026/ El retorno de la Doctrina Monroe. Enero, 17 de 2026

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